Beberé

  • Todos tenemos un límite de alcohol, y no es fácil saber cuál es. Si lo pasas, dejas de disfrutar de la fiesta y se te pueden volver las tornas.
  • Rollos etílicos: puede pasar que, bebiendo alcohol, los tíos tiren más la caña y las tías tengan menos manías a la hora de ligar.
  1. Para evitar arrepentimientos: deja de beber antes de que pierdas el control y no puedas escoger.
  2. Para no llevarte un «premio» de recuerdo, utiliza el preservativo. Te ahorrarás el miedo de quedar embarazada, tener que tomar la pastilla del día siguiente, coger vete a saber qué enfermedad (VIH/sida, clamidia, gonorrea, sífilis, hepatitis, herpes, condilomas…).
  • Mejor que te olvides de la moto y del patinete, puedes creer que controlas y en realidad no ser capaz ni de caminar sin hacer eses.
  • Si has acabado más lejos de lo que tenías previsto, llama a tus padres para que te vengan a buscar. Para ellos será un rollo, pero con estas cosas (por suerte) los padres suelen ser incondicionales.
  • El alcohol avisa a quien se le va la olla. Escucha las alertas etílicas:
  1. Si el alcohol te provoca mala leche y te enemistas a la mínima.
  2. Si ya te lo dicen, que el alcohol no te sienta bien.
    Si te pasan cosas así, no debes beber. Hazlo tanto por ti como por los demás que se comen los marrones.
  • Si tus padres te esperan cuando llegas, ten en cuenta la pinta que llevarás cuando te vean. Si vas muy mal, puede ser que no te vean bastante mayor como para salir solo.
  • Escoge cerveza o claras, o pide poco alcohol en el cubata; son más fáciles de soportar.
  • Pasa de mezclas: beber diferentes tipos de bebidas te tumba más deprisa.
  • En casa o en el restaurante, en celebraciones familiares, puedes aprovechar para hablar con tus padres sobre qué consideran que puedes empezar a beber o no (una birra, una copa de cava, un reserva del 87…). Aprender a beber formará parte de la integración social.