Con las pilas cargadas

¿Volvemos a las actividades y al día a día más estructurado? ¿Volvemos a clase, al trabajo, al curso o a otras obligaciones formales?

 

Tras varios días “diferentes” y quizás unas cuantas fiestas de por medio, nos volvemos a encontrar con personas y situaciones más cotidianas. Y seguramente compartimos experiencias. Qué hemos hecho, dónde hemos ido, que nos ha pasado, a quien hemos conocido… y tal vez, qué hemos bebido, cómo nos hemos montado la fiesta, si hemos probado alguna sustancia nueva, si hemos tenido alguna mala experiencia.
 

 

Son buenos días no sólo para comentar las “batallitas” con las amistades, sino también para valorar, reflexionar conjuntamente, ver qué te ha funcionado bien y qué no, que te ha hecho sentir cómodo/a y qué no, en este caso en relación a las drogas o a lo que hacemos si las tomamos.

 

Son buenos días para repasar y aprender. Y nos podemos hacer muchas preguntas: ¿me he planificado como quisiera? ¿se me ha escapado algo de las manos? ¿me he cuidado como quisiera? ¿me han cuidado como quisiera? ¿he cuidado a los y las demás como quisiera y como querrían? ¿he hecho lo que me apetecía a mí? ¿he sabido poner límites o parar cuando era el momento? ¿me han respetado en situaciones complicadas (y no tanto complicadas)? ¿he sabido respetar a la demás gente?

 

O tal vez, una pregunta sencilla: ¿qué cambiaría de cómo he hecho algunas cosas?

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