¿Dónde estás?

Eiiii… ¿Dónde estás? ¡Estamos justo aquí! ¿Vienes? Estoy super cerca, pero no te veo… ¿Cómo se llega? Ok… ¡Ya voy! ¿Me envías una ubicación? Estoy a 5 minutooooooos, me sabe mal llego tarde. ¡Me he perdido! ¿Dónde está eso que dices? Te espero aquí.

 

Con el teléfono móvil en la mano o en el bolsillo las 24h del día, parece que es imposible eso de perderse. Si no sabemos llegar a un lugar lo buscamos en el momento en internet y seguimos bolitas azules hasta que una voz nos dice «Ha llegado a su destino». ¡Así de fácil! No es necesario que miramos el nombre de las calles, ni con que nos cruzamos, ni por donde pasamos… ¡Mirada fija en la pantalla y ya hemos llegado!
A veces pero esto seguir las bolitas azules también tiene inconvenientes… nos perdemos un montón de cosas interesantes, no memorizamos algunos recorridos, podemos chocar con alguna farola por no levantar la cabeza …

 

¿Puede que a veces incluso pongamos en marcha el GPS del teléfono móvil por pereza? Pereza de mirar antes de salir de casa como se llega; pereza de preguntar a alguien por la calle; pereza de mirar el nombre de las vías.

 

Pero no sólo utilizamos el GPS del móvil para saber llegar a un lugar… muy a menudo lo usamos para llegar hasta donde está alguien.

 

Algunas aplicaciones de chat, como WhatsApp, lo ponen muy fácil ya que permiten compartir ubicaciones. Hace unos días, esta misma empresa ha actualizado la aplicación permitiendo que se envíe por chat y en tiempo real nuestra ubicación. Así pues la otra persona, tras su pantalla, puede ver (si activamos esta opción) donde estamos o por donde nos estamos moviendo.

 

 

Hay personas que están preocupadas por si, con esta función activada, nos podría controlar algún ladrón o para un secuestro… Cosas que a veces parecen más de una serie de televisión que de nuestro día a día.

 

En nuestro día a día, con quien a menudo chateamos más es con personas que tenemos cerca (nuestras amistades, nuestra pareja…) y con quien compartimos espacios también en el cara a cara. Puede que en nuestro día a día también haya malos rollos o malentendidos a través de los chats? ¿Puede que a veces tras una pantalla nos montemos paranoias? ¿Puede que a veces se den situaciones de control? ¿U otras situaciones no deseadas?

 

Si nuestro día a día no es como el de una serie o una pel·lícula de acción, quizás es interesante echar un vistazo crítico a estas aplicaciones y hablar con nuestras amistades sobre que pros y contras se pueden generar.

 

 

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