¿Pantallas con fecha de caducidad?

¿Todo caduca? En la sociedad actual, parece que casi todo tiene fecha de caducidad, no sólo los yogures. Ahora bien… ¿Y las pantallas? ¿También tienen fecha de caducidad?
Si cogéis un teléfono móvil y buscáis la fecha de caducidad en la pantalla, en la batería o en la carcasa, seguramente no la encuentraréis. Tampoco aparece en la caja. Ni el ticket de compra. Y mucho menos a los anuncios de publicidad.

 

Los mòviles parece que no tengan fecha de caducidad, ¿pero la realidad es que a la práctica si que la tienen?

 

 

 

Quizá habéis oído (o dicho) frases como: “Mi móvil es muy viejo”; “¿Has visto el nuevo modelo que han sacado?”; “No me cabe nada en el móvil, ha quedado anticuado muy rápido”; “Se nota mucho la mejora, éste es mucho más rápido”; “¿Todavía vas con este mòbil?”; “Mi móvil pasado un año empezó a ir super lento”; “Ha empezado a fallarme sin motivo”.

 

Pero … ¿Quién marca cuando un móvil es viejo? ¿A partir de cuando nos renovamos el móvil y por qué? ¿Por qué todas las aplicaciones no son compatibles con todos los móviles? ¿Cómo puede ser que el nuevo modelo de móvil salga al mercado tan rápido? ¿Es casualidad que pasado un tiempo los móviles empiecen a funcionar de manera más lenta?

 

Las empresas que se dedican a la comercialización de teléfonos móviles tienen un peso muy importante en marcar la “fecha de caducidad” de los aparatos. Por un lado, van soltando a cuenta-gotas la tecnología; aunque se disponen de muchas prestaciones y “mejoras”, se van soltando poco a poco, de tal manera que en cuanto se adquiere un móvil, aparezca en el mercado otro “aún con más novedades”. De este modo, parece que al poco tiempo de la existencia de un producto o de un software, haya una teóricamente mejora y que la anterior haya quedado “viejo”, “menos útil”. Además, a través de la obsolescéncia forzosa o programada, los móviles, igual que otras pantallas y aparatos, tienen una vida útil más corta de la que podrían tener.

 

Quizás recientemente, habéis leído o visto en las noticias que algunas empresas reconocían públicamente utilizar algunas de estas estrategias, como por ejemplo la de ralentizar los modelos más antiguos. Aunque las empresas niegan que esto sea para forzar a comprar nuevos modelos, ¿cuál es el resultado? ¿Puede que muchas personas consumidoras se renueven el móvil cuando éste deja de funcionar como lo hacía antes?

 

Otro objetivo que muchas de estas empresas persiguen con las estrategias que antes comentábamos, es generar relaciones de fidelización a una marca (ostras, qué concepto, eh). A veces asociamos una marca en mayor calidad, y el último modelo a lo que más necesitamos. ¿Pero es una necesidad real o creada?

 

Está bastante comprobado que la tecnología a cuenta-gotas y la obsolescencia programada no tienen por objetivo crear productos de calidad (a menudo lo contrario, o sólo una calidad “temporal”). Entonces ¿cuál es el objetivo? ¿Y cuáles son sus consecuencias?
Os habéis preguntado alguna vez: ¿Con qué condiciones laborales han sido fabricados los nuevos móviles? ¿Donde van todos los ya no usamos? ¿Qué consecuencias tienen para el medio ambiente los residuos tecnológicos?
Si no lo habéis hecho nunca, os animamos a investigarlo. Seguramente no será una tarea fácil, pero probablemente el resultado será interesante 😉

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