Consolas y e-juegos

Puedo estar solo o sola (o con unos pocos colegas) en la habitación o en el local, desconectado de todo (de la escuela, de casa, del mundo), y meterme en un mundo virtual.

Es un recurso para relajarme, cambiar de chip y pasarlo bien. Hay quien lo hace yendo a la montaña, otros haciendo deporte y también quien lo hace con estos juegos.

Lo único que hay que hacer es jugar y conseguir pasar a la siguiente pantalla, o ganar la carrera, el partido o… Mientras tanto, tengo la satisfacción de haberlo conseguido (¡Soy un crack!) Aunque para quienes me ve desde fuera soy un chico o chica sentado pulsando botones de colores.

Quizás va bien para:

  • Alimentar nuestra imaginación entrando en mundos totalmente diferentes.
  • No dejar las cosas a medias y coger constancia: «Hasta que no me acabe este juego no paro».
  • Querer superarse: «Lo tengo que conseguir».
  • Pasar buenos ratos sin tener que currar demasiado.
  • Ayudar a otros con trucos que tú sabes.

¿Me relajo demasiado?

  • ¿Antes de apalancarme he estado haciendo otras cosas? (deberes o estudiar, deporte…).
  • ¿Me pongo a jugar porque estoy cansada o estoy cansada de no hacer nada?
  • ¿Dedico más tiempo de la cuenta?
  • ¿He contado el tiempo que me paso?

Quizás dejo de hacer otras cosas importantes, como:

  • Estar en la calle con colegas.
  • Hacer los deberes o estudiar para el control.
  • Jugar con mi hermana pequeña.
  • Hacer deporte.
  • Dedicarme a otras aficiones.
  • Quejarme por todo lo que encuentro injusto en este mundo y creo que no está bien).
  • Hablar cara a cara con otra gente.

A lo mejor me cuesta no jugar

  • ¿Cuando no puedo jugar tengo ansiedad o lo echo de menos?
  • ¿Me pongo de los nervios, de mal humor, agresivo, cuando la pantalla me dice Game over?
  • ¿No paro de pensar en cuándo llegaré a casa para ponerme a jugar?
  • ¿Me enfado con mi familia cuando me dicen que pare o me avisan que la cena está lista?
  • ¿Me quedo empanado con la consola o el juego por internet?
  • ¿Cuando acabo de jugar me quedo encantado un rato y me cuesta conectar de nuevo con el mundo real?
  • ¿De tanto jugar me cuesta enfocar la vista?
  • ¿Paso de las conversaciones de las colegas o del mundo en general?
  • ¿No rindo en secundaria porque me he quedado hasta las tantas jugando y casi no he dormido?

Puede ser que me confunda.

  • ¿Vivo el mundo virtual más intensamente que el real?
  • ¿Tanto rollo bélico me pone agresivo/a?
  • ¿Creo que soy como los protagonistas?
  • ¿Soy la misma persona ante la consola o el juego en red que ante la vida?
  • ¿Me enfado igual cuando oigo hablar de la deuda externa de los países que cuando pierdo la partida?
  • ¿Insisto tanto en pasar el curso como pasarme ese juego?
  • ¿Soy igual de crítico/a con el mundo como con el juego que acaba de salir?
  • ¿Me paso más horas sentado que de pie?
  • ¿Mi tiempo libre consiste en estar tres horas sentado en una silla?
  • ¿Me da mal rollo que me digan siempre que juego demasiado?

Puedo marcarme un máximo de tiempo para jugar y cumplirlo. Si un día me paso, descanso los siguientes. ¡La vista lo agradecerá!

Cuando termino un juego, puedo para unos días antes de meterme en otro, y hacer otras cosas.

Conviene que me lo tome con filosofía y con calma, y tener claro que es solo un juego (el fútbol se juega en un polideportivo y no en una pantalla; por las calles se va caminando, no atropellando gente con un coche …).

Me irá bien combinarlo con otras movidas:

  • Salir a tomar algo.
  • Ir a dar una vuelta.
  • Organizar una acampada o una fiesta.
  • Hacer un deporte.

Puedo aplicar mi criterio a a la hora de escoger los juegos, según mis principios:

  • Si no me gusta la guerra, ¿por qué juego a matar?
  • Si respeto a las chicas o defiendo que nos respeten, ¿por qué juego a ese en el que todas las tías parecen objetos de deseo?

No ser monotema (sólo hablando de la consola o el juego en red), e interesarme por otras historias.
Priorizar jugar en grupo presencial más que «en virtual»: me aportará más cosas.