laClara.info 
Sexualidad sin nuestro consentimiento 
pixel
 

 

 

Intro

Somos muchas las personas que no hemos vivido una sexualidad como la que sale en las películas: un príncipe azul o una princesa rosa, que nos quiere y nos cuida. Quizás nuestra -o nuestras- primeras experiencias hayan sido indeseables –quizás nos han obligado a hacer ciertas cosas y no hemos podido negarnos. Quizás hemos sufrido físicamente, emocionalmente o/y psicológicamente.

A lo mejor cuando nos han hablado de la sexualidad en la escuela o en Secundaria, cuando vemos pelis de amor, cuando oímos a amigas o amigos hablar del tema... pensamos que no tiene nada que ver con lo que hemos vivido o vivimos nosotros. Es posible que no lo hayamos hablado con nadie, pero sabemos que no siempre es tan bonito como lo pintan (o al menos no lo ha sido para nosotros).

 

Hemos sufrido situaciones abusivas fuera de casa

Estas situaciones -que pueden ser con personas desconocidas o no- las podemos padecer incluso sin contacto físico, como por ejemplo cuando una persona se desnuda o se toca delante nuestro, o cuando nos obliga a que lo hagamos nosotros. También puede ser que la otra persona haga que la masturbemos o que le practiquemos sexo oral sin tener ningún deseo de hacerlo.

Aunque todo es traumático, lo peor es cuando hay una penetración sin quererlo. Si explicamos qué nos ha pasado, quizás nos acojan y nos ayuden. Pero también puede ser que lo que pase después sea muy desagradable:

  • Recibir un trato ofensivo cuando vamos a hacer la denuncia.
  • Que la familia, en vez de ayudarnos, nos provoque todavía más tensión (nos diga que nosotros lo hemos provocado, no se haga cargo de cómo estamos, se ponga muy agresiva...)

Un hecho así no sólo nos duele físicamente; también nos machaca anímicamente. Necesitaremos tiempo para recuperarnos. Y, si vemos que no nos salimos solos o solas, y con la ayuda de las personas que tenemos cerca no tenemos bastante, tendremos que acudir a un/a profesional.

Si tenemos pareja, tendrá que entender que estamos mal. Es fácil que los dos pasemos un mal momento; tendremos que ir muy despacio para irlo superando y conseguir que nuestra relación vuelva a rodar con más normalidad.

Qué podemos hacer
Hablar con alguna persona de confianza para que nos escuche y nos pueda acompañar.

Si hemos padecido físicamente o nos han obligado a hacer una penetración, tenemos que ir a un servicio sanitario para que nos hagan una revisión. Se preocuparán por nuestra salud y por cómo nos sentimos y tomarán las medidas que hagan falta. Debemos hacerlo aunque seamos de otro país y estemos en una situación de ilegalidad; nos atenderán igualmente y respetarán lo que pedimos (los hospitales no tienen nada qué ver con la policía)

Después podemos hacer una denuncia a una comisaría –incluso si conocemos a la persona que nos lo ha hecho. La denuncia es muy importante y tiene que estar bien hecha: los Servicios de Atención a la Víctima (de Juzgados o Comisarías) nos pueden ayudar y asesorar.

 
Hemos padecido abusos sexuales en casa

Quizás desde muy pequeñas o muy pequeños, una persona de nuestra familia –nuestro padre, tío, abuelo, la nueva pareja de nuestra madre, un primo o un hermano...– nos haya obligado a jugar, mirar o hacer sexo sin que lo queramos.

Es fácil que no nos hayamos sentido respetadas o respetados, que nos hayan manipulado o engañado: Cómo eres especial para mí, tienes que hacer esto ... A tu edad lo tienes que hacer porque lo hace todo el mundo...

No han respetado ni nuestro cuerpo ni nuestra intimidad. En algún momento quizás hemos llegado a pensar que aquello es normal; cómo si nos hubiera tocado en la vida hacer una cosa así. O, quizás, por no estar todavía peor, no nos atrevemos a negarnos y nos callamos.

Pero nadie –sea quién sea– tiene el derecho de hacernos hacer una cosa que no queramos. Aunque no nos hayamos visto capaces de decir que no lo queremos. Para hacer cualquier cosa relacionada con la sexualidad (mirar, tocar, hacer una penetración...) hace falta siempre que quieran las dos personas: si sólo quiere una, no hay suficiente.

Cuándo hemos pasado por una cosa, es fácil que se hayan aprovechado de nuestra situación de inferioridad. La forma de hacerlo puede ser alguna de éstas:

  • Hacernos creer que se trataba de un juego –incluso le pueden haber puesto algún nombre– cuando no lo era.
  • Amenazarnos para que hiciéramos aquello que no queríamos y lo mantuviéramos en silencio. La amenaza puede ser hacia nosotros ( Como digas algo, te mato ) o hacia alguien que queremos ( Si le dices algo a tu madre, ella recibirá ).
  • Habernos hecho sentir que somos una mierda, que no nos merecemos nada y que –por esto– lo tenemos que hacer.
  • Haber usado la fuerza física para obligarnos.
 
Cómo nos afecta a nosotras o a nosotros
En caso de que hayamos padecido abusos, hay que saber que estas situaciones son bastante más comunes de lo que nos pensamos. No somos raros o raras : hay muchas personas que también han tenido esta experiencia tan desagradable.

Además del daños físico que nos pueden haber hecho, también sufre nuestro corazón y nuestra cabeza. Quizás no nos demos cuenta –a veces, sin ser conscientes nos protegemos olvidándolo todo– pero el dolor lo llevamos por dentro. Sentimos rabia, miedo, estamos decepcionadas o decepcionados con nosotros mismos, estamos muy tristes, sentimos una soledad muy grande...

Seguro que hemos hecho todo lo posible para intentar no pasarlo tan mal: ducharnos mucho y cepillarnos fuerte para sacarnos aquello , estar el máximo de tiempo fuera de casa, intentar no pensar...

A menudo nos sentimos culpables de lo que ha pasado, como si fuera un castigo que nos merecemos por nuestro comportamiento. Y no es así: absolutamente nadie –y todavía menos un niño/a o una o un joven– se merece una cosa así. Este sentimiento nos lo han provocado porque nos han tratado cómo si no valiéramos nada.

Incluso es posible que se lo hayamos comentado a alguien de la familia y no se lo haya creído (o no se lo quiera creer). Es fácil que intenten que pensemos que son imaginaciones nuestras, o que no entendemos las bromas o que eso que hemos explicado no son abusos, sino no sé qué... De hecho, a menudo las familias cierran los ojos a esta situación, y puede ser que nos demos cuenta que nadie de casa nos ayudará a salir de esta situación.

Y esto hace que todavía sea más duro. Porque quizás no sólo padecemos los abusos, sino que vemos que las otras personas no hacen nada para evitarlo o que –cuando queremos hablarlo en casa– no nos escuchan o no se toman en serio aquello que estamos diciendo.
 

Qué podemos hacer

Si nos está pasando ahora

Lo primero que tenemos que tener claro es que no tenemos que pasar por aquí –sea quién sea y diga lo que nos diga. Nosotros solas o solos no podremos mejorar la situación (porque estamos en una posición de inferioridad)

Aunque cueste mucho hacerlo y nos pueda dar vergüenza, lo mejor que podemos hacer es explicárselo a alguien con quien tengamos mucha confianza: puede ser una profesora, la psicopedagoga, algún familiar que no esté implicado, al padre o a la madre de un amigo o amiga con quien tenemos una buena relación, a una educadora social...

Si se lo explicamos a alguna persona que no es profesional – familiar, una amiga o un amigo–, y no hemos recibido respuesta –o ha sido contraria a la que necesitamos–, no nos han escuchado o no se lo han creído... tenemos que buscar otras personas. Seguro que encontramos la persona que necesitamos.

Estas personas buscarán la mejor forma de ayudarnos. Lo harán siempre con la cautela suficiente para que nada nos pueda perjudicar.

Es importante que expliquemos lo que nos ha pasado. Debemos hacerlo aunque nos dé vergüenza o aunque alguna vez nos hayan intentado hacer creer que no era verdad.

Tenemos muchas puertas abiertas y servicios que nos ayudarán a poner fin a los abusos:

  • Servicios sociales del barrio o pueblo.
  • Asociaciones de personas que han padecido abusos y que tienen un equipo técnico. Saben –mejor que nadie– cómo nos podemos sentir con lo que nos ha pasado.

Si nos pasó hace un tiempo

A veces nos pasan cosas muy duras y no tenemos fuerzas para asumirlas. Pero, al cabo de unos años, nos reaparecen y queremos solucionarlo.

Lo más probable es que aquello que nos ha pasado nos provoque cosas como por ejemplo: tener mucho miedo a la oscuridad, tener parejas que no nos tratan bien, padecer algunas dificultades cuando mantenemos relaciones sexuales –aunque nosotros hayamos elegido la persona–, no gustarnos a nosotras mismas físicamente...

Es posible, por todo lo que nos ha pasado, que pasemos alguna crisis y fuerte –no controlar nuestro pensamiento, sentir que vivir no tiene demasiado sentido, no poder quitarnos nunca de encima el miedo.... Si vivimos una cosa así, debemos dejarnos ayudar por profesionales de la salud mental. Allí tienen las herramientas y los conocimientos para echarnos un cable (con terapia y/o medicación).

 

Qué hacer si una amiga o un amigo nos explica que ha padecido o padece abusos

  • Agradecerle la confianza que ha depositado en nosotros y el esfuerzo que ha hecho para compartir una cosa tan íntima con nosotros.
  • Hacerla o hacerlo sentir bien y acogida o acogido. Padecer abusos es durísimo pero –sobre todo al principio– hablarlo también lo es (no se sabe cómo o cuándo hacerlo, da vergüenza, se tiene miedo a equivocarse...)
  • Buscar qué servicios, profesionales o asociaciones saben qué hace falta para darle apoyo psicológico, afectivo y legal. Si es una amiga o un amigo nuestro y no sabemos qué hacer, le podemos comentar a algún profe o a algún familiar nuestro para que nos ayude.
  • Acompañarle lo máximo posible y entender que afrontar una realidad tan dura, a veces, pasa por momentos diferentes: tener claro que se quiere hacer algo, después dudar, pensar que se la pueden apañar sin ayuda, después tener claro que necesitan ayuda profesional, querer compartirlo con personas que han vivido problemas similares.

 
pixel