Muchos de los videojuegos actuales tienen un alto grado de violencia y competitividad, a veces de forma muy explícita, a veces más encubierta. Parece que estos elementos van en aumento en las historias representadas en las que nos sumergimos cuando jugamos.

 

Si pasamos muchas horas jugando a este tipo de juegos electrónicos, ¿sólo estamos pasando el rato?, ¿solo nos entretienen?

 

Los videojuegos ofrecen infinitas opciones para entretenerse, pero esta “diversión” ¿es solo esto?

 

Como todo lo que hacemos en la vida, los juegos electrónicos son también un aprendizaje y permiten asimilar valores y transferirlos, luego, a la vida real. Pero más allá de que si aprendemos a ser agresivos y competitivos dentro de los juegos, también lo seremos en nuestra cotidianidad, lo más peligroso es que cada vez nos sorprenden menos los escenarios de violencia, de guerra o el uso “normalizado” de las armas cuando lo observamos en el mundo real.

 

Algunas da las armas que aparecen en algunos videojuegos, ¿son representaciones de armas reales?

 

Lo que planteamos es que las historias de guerra, armas o violación de los derechos humanos que aparecen en muchos relatos de muchos juegos electrónicos ayudan a familiarizarnos con estos aspectos como si fuesen naturales e inevitables. Cuando detectamos estas situaciones en el mundo real, a menudo ya no nos impactan y las dejamos pasar como si no pudiéramos hacer nada, asumiéndolas de forma normalizada.

 

¿Creéis que alguien se beneficia de nuestra insensibilidad y de la naturalidad con la que observamos la existencia de armas en el mundo?

 

¿Cual es el precio que pagamos por nuestro entretenimiento?