Videojuegos

Los videojuegos hace muchas décadas que existen y actualmente son una de las opciones preferida para invertir el tiempo libre de muchísimas personas, por lo tanto cada vez ocupan más espacio en nuestra sociedad. Además, se adaptan constantemente a nuevos soportes, evolucionan hacia nuevas formas de jugar, se extienden hacia otras prácticas como los e-sports o los gamelays, incluyen más opciones de micro-pagos… Los videojuegos son muchos y vienen en muchas formas y soportes, son en definitiva cualquier juego que se pueda jugar en cualquier pantalla (consola, ordenador, tableta, teléfono móvil…).

Dicen, dicen…

Dicen que los videojuegos «son como una droga»; «que los y las adolescentes están demasiado enganchados y han dejado de hacer cosas de adolescentes»; «que no aportan nada bueno», «que si juegas mucho te afectará a la vista» o «que te puedes acabar gastando mucho dinero».

Pero estos discursos, chocan con otros como aquellos que dicen que «los videojuegos son el futuro»; «que jugando puedes aprender habilidades que son valiosas en el mercado laboral»; «que te permiten imaginar otros mundos», «que la mayoría de videojuegos son gratuitos» o «que detrás de una pantalla todas somos iguales».

Los critican por…

Es fácil que el tiempo que les dedicamos se nos vaya de las manos. Y dejamos de hacer otras cosas porque le ponemos muchas horas. Y a veces tan importantes son las cosas que debemos hacer obligatoriamente como hacer los deberes o estudiar, o realizar las tareas de casa que nos toque hacer; como aquellas que no son obligatorias, pero nos gusta hacer cómo leer un libro, ir a visitar a la abuela o quedar con los colegas para bajar a la plaza.

Con las amistades nos encontramos en los juegos y también hacemos nuevas relaciones a través de las pantallas, así que se nos hace más difícil vernos, quedar y conocer gente cara a cara. Es cierto que no podemos decir que conocemos a alguien hasta que el o la vemos cara a cara, pero también es cierto que el mundo online nos permite conectar y contactar con gente que de otra manera difícilmente habríamos conocido y con quien quizás allí compartimos inquietudes, gustos o formas de ver el mundo.

¡Pueden hacer gastar mucho dinero! Cada vez hay más videojuegos que incluyen micropagos (también aquellos minijuegos del móvil que utilizamos para pasar el tiempo), que necesitan de extensiones para disfrutar de la experiencia, que piden poner dinero real para realizar compras. Nos animan a gastar en el momento en que estamos más implicadas en el juego y lo hacen difícil porque llevamos las cuentas.

Pueden influir en conflictos en casa, porque a veces podemos discutirnos con nuestra hermana o hermano por la consola, o quizás no vayamos a cenar a la primera que nos llaman.

Aunque estas críticas son reales e importantes de tener en cuenta, también hay otras que culpan a los videojuegos indiscriminadamente:

  • Dicen que los y las jóvenes son cada vez más agresivos por culpa de los videojuegos. Pero a menudo no dicen que es la sociedad quien es cada vez más agresiva y violenta, y que no sólo tiene que ver con los videojuegos, sino también con las series o las películas, por ejemplo.
  • Hay quien atribuye a los videojuegos supuestos males a la vista. O cualquier otra dolencia como dolor de cabeza, dolor de espalda, dolor de estómago o incluso haberse enfriado.
  • Son los responsables del cansancio de jóvenes y adolescentes porque su uso afecta directamente a las horas de sueño (¡y realmente lo hacen!), pero obvian que hay otras cosas que pueden provocar que la gente duerma menos: el uso de otras pantallas (¡no sólo los videojuegos!) o las preocupaciones del día a día.
  • ¡Son muy bélicos y violentos! Como si no existieran miles (¿o quizás millones?) de alternativas. Hay juegos de todo tipo: arcade, reflexión, resolución de puzles, gestión y organización, deportes, acción y aventura, cartas, casuales, estrategia, juegos de mesa, palabras, conocimiento, simulaciones…

¡Pero tienen cosas buenas!

¡Los videojuegos nos permiten pasarlo bien, divertirnos y pasar el rato! Muy a menudo, el rato que estamos jugando pasa volando.

Nos permiten jugar con los y las colegas sin tener que quedar en el mismo sitio, incluso cada uno desde su casa. Puede hacer más fácil organizarnos para que tengamos tiempo para jugar con otra gente y hacer las otras cosas que debemos hacer por la tarde: estudiar, ir a entrenar u ordenar la habitación. ¡Pero recordemos que la mejor manera de conectar con nuestros amigos y amigas siempre es en persona!

Hay quien por desconectar cuando un día no le ha ido bien sale a correr, quien se pone a tejer u otros deciden pintar mandalas. Hay quien juega un rato de videojuegos. Aunque para desconectar también podemos aficionarnos a otras cosas: tocar un instrumento, hacer deporte, pintar, quedar con los amigos y amigas para dar una vuelta…

Nos puede transportar a otros universos (más fantásticos o más realistas), y por tanto podemos imaginar nuevos mundos, construir otras relaciones con personas y seres vivos, interpretar un papel que en nuestro día a día es imposible. Y esto pasa por construir también mundos menos violentos y agresivos, poder ser libres fuera de todo juicio e incluso liberarnos. ¡Animémonos a trasladar estos mundos posibles fuera de la pantalla! Y a probar otras formas de desarrollar nuestra imaginación, como leyendo libros o escribiendo nuestras historias.

Si elegimos bien los juegos, podemos desarrollar y potenciar algunas competencias como la creatividad, la toma de decisiones, el trabajo en equipo o la paciencia. Estas habilidades son conocidas como soft skills, y son interesantes, pero también existen otras formas de adquirirlas fuera de las pantallas.

Que no nos despisten de lo que hay detrás

Los videojuegos más populares, los que crean más hype y tienen más fama, están creados por unas pocas empresas que dominan el mercado mundial, dejando a las pequeñas empresas en una clara situación de desigualdad.

Si no pagamos nosotros es porque hacen negocio. Por ejemplo, en los videojuegos de tablas y móvil encontramos mucha publicidad mientras jugamos. ¿Entre partida y partida? Un anuncio. ¿Cuándo nos quedamos sin vidas y queremos seguir jugando? Un anuncio. ¿Si queremos un comodín para pasarnos un nivel en el que estamos atrapadas? Un anuncio. Pero en los videojuegos de las consolas también encontramos publicidad. Por ejemplo, en las vallas publicitarias en los videojuegos de deportes, ropa de marcas reales para comprar para nuestro personaje (y para nosotros), muebles de una gran cadena para comprar en videojuegos de simulación, armas desarrolladas por la industria armamentista que se hacen servir a las guerras ya los videojuegos de shooting

Sea un videojuego gratuito o no, cada vez es más habitual encontrar opciones de micropago dentro del videojuego. Se han convertido en la forma más fácil para obtener ventajas a los videojuegos, o «personalizar» más la experiencia. Aunque existen alternativas para no caer en la trampa, hay que ir con cuidado de que estos micropagos no se acaben convirtiendo en un MACROgasto. Atención: para jugar no hace falta gastarse la pasta de comprar consolas, móviles, tabletas, los videojuegos, las microtransacciones… ¡Podemos jugar con las cosas que ya tenemos a nuestro alrededor, o hacer otras cosas que no cuestan dinero!

El hecho de que haya una moneda propia del juego y la forma en que ésta funciona, permite poner dinero constantemente, ¡pero no sacarlo!

Hay mecánicas de los videojuegos con patrones muy similares con los juegos de azar o de apuestas; hacen que gastemos más y además nos acostumbran a este tipo de juegos.

El mundo de los videojuegos nos permite conectar con otros mundos, pero no desconectamos del todo de lo que nos rodea; a veces también podemos detectar muchas conductas que son reprobables y que los videojuegos fomentan, e incluso premian. Como es el caso del machismo, el racismo o la lgtbiq+fobia. Parece que, si somos críticas con estas conductas, somos uno o un bicho raro, porque «no sabemos diferenciar los videojuegos del mundo real». Precisamente porque los videojuegos también son el mundo real, nos condicionan nuestra mirada sobre el mundo, y queremos que los videojuegos no fomenten actitudes discriminatorias hacia ningún colectivo.

Muchos de los videojuegos más conocidos, más jugados y que más beneficios aportan a las grandes empresas que los desarrollan, se construyen sobre la violencia, consiguiendo que ésta cada vez escandalice menos a la gente, contribuyendo así a la deriva cada vez más violenta y autoritaria del mundo.

Parece que existen videojuegos que lo son más que otros. Los videojuegos de consola u ordenador tienen más prestigio que el que se juegan en tabletas o móvil. Hay quienes creen que los videojuegos de acción, aventuras o shooting son más videojuegos que los videojuegos casuales, de gestión o de simulación. Estas distinciones se sustentan en visiones sexistas y clasistas y dejan “fuera” a mucha gente.

Está bien si no tenemos o no jugamos

No hace falta que todo el mundo tenga los mismos gustos e intereses. Puede que no nos gusten, que no se nos den bien o incluso que nos aburran.

No necesitaremos gastarnos mucho dinero en las consolas o los ordenadores, ni tener que estar comprando las extensiones de los juegos, los pases de temporada o pagando las suscripciones mensuales de las plataformas de juegos.

Al final, los videojuegos se están convirtiendo en un entretenimiento de masas y alguien debe mantener vivas alternativas de ocio y entretenimiento.

Incluso si lo utilizamos, puede ocurrir que el hecho de jugar pierda interés (porque hay demasiada agresividad, porque nos da ansiedad y no podemos gestionarla bien, porque se nos escapa de las manos…). ¡Si no lo disfrutamos, dejamos de jugar!

Pero si jugamos, ¡hagámoslo bien!

  • Marquémonos unos límites de tiempo para jugar en la consola, el móvil o la tableta. ¡Y sobre todo cumplámoslos! No nos autoengañamos con frases como «estoy en buena racha y ahora no puedo parar» o «no puedo acabar sin ganar una parida».
  • Priorizamos siempre otras tareas antes que hacer una partida: hacer los deberes o estudiar, ordenar la habitación, ir a ver a la abuela… Si lo hacemos a la inversa, quizás dejemos de hacer cosas que son más importantes que jugar a videojuegos.
  • Si un día pasamos del límite que nos marcamos, descansar los siguientes días. ¡La vista y el cuerpo lo agradecerán!
  • Tomémonoslo con calma, ¡los videojuegos sólo son un juego! Por tanto, lo tenemos que pasar bien. Y debemos saber distinguir lo que ocurre en la pantalla, de lo que ocurre fuera: los deportes se siguen practicando en zonas deportivas (no sólo en la pantalla); la gente no se va atropellando y haciendo carreras con los coches por la calle (como sí ocurre en los videojuegos) y por muchas combinaciones de caramelos que hagas, éstos no explotan.
  • ¡Hagamos otras cosas! Pasar demasiado rato ante la pantalla nos puede dejar con ganas de no hacer nada, y cuanto menos hacemos, menos ganas tenemos de hacer cosas. Es una espiral que a veces nos cuesta romper.
  • Es guay tener un criterio propio a la hora de escoger los juegos, según tus principios, y no según la moda. Si no nos gusta la guerra, ¿por qué jugamos a matar? Si pensamos que no debería haber diferencia en el trato entre chicos y chicas, ¿por qué jugamos a videojuegos en los que las chicas parecen sólo un objeto de deseo?
  • No utilizamos dinero. O si lo hacemos, marcamos un límite de dinero para gastarnos dentro del videojuego (siempre con el consentimiento de la familia). No nos dejamos influenciar por las ofertas y promociones de los videojuegos, ni por las cantidades de dinero que se gastan algunos gamers profesionales y que nos enseñan a través de redes sociales.

Prestamos especial atención cuando…

  • Sólo hablamos de los videojuegos, o sólo podemos pensar en la siguiente partida que vamos a jugar. Si esto ocurre, es momento de recuperar otros intereses y potenciarlos.
  • Si habitualmente jugamos siempre solas en la habitación. Aunque online seamos cientos o miles de jugadoras, puede estar bien de vez en cuando jugar con más gente: con las colegas de clase, con compañeros de equipo, con primos y primas… Seguramente puede ser más divertido jugar juntas, comentar la partida, compartir estrategias.
  • Si dejamos de hacer otras cosas importantes u obligatorias para jugar una partida más a los videojuegos: deberes o estudiar, jugar con mi hermana pequeña, hablar con mis padres, salir a la calle, dejar de lado hacer deporte u otras aficiones…
  • Vivimos mal no poder jugar. Podemos sentir que tenemos ansiedad o lo echamos de menos y que esto nos ponga de mal humor, agresivas y lo acabamos pagando con otras personas. Quizás nos viene bien encontrar de manera habitual momentos de desconexión de los videojuegos y las pantallas para prevenir que nos pase.
  • No gestionamos bien las emociones que nos producen los juegos. Quizás me pongo demasiado nervioso o nerviosa cuando la partida no avanza como quisiera, ¿insulto al videojuego cuando me sale un mensaje que dice “Game Over” o echo el mando de la consola contra la pared cuando me marcan un gol o me matan? Deberíamos estar alerta de no vivir con mayor intensidad los videojuegos que lo que ocurre fuera de la pantalla. ¿Nos enfadamos tanto con las injusticias? ¿Insistimos tanto en pasar el curso como en pasarnos el juego de moda?
  • Nos están afectando a la comida o al dormir.
    • ¿Me salto el desayuno de los fines de semana porque sólo quitarme me pillo a los videojuegos? ¿No hablo con la familia mientras cenamos porque estoy terminado una partida con el móvil? ¿Me llevo la comida allá donde tengo la consola para poder comer mientras sigo jugando?
    • ¿Estoy yendo a dormir más tarde de lo que debería porque estoy estancado en un nivel, y hasta que no me lo pase no me pongo a dormir? ¿Me duermo en las primeras horas de clase porque cada noche juego unas partidas online con los colegas?
  • Nos gastamos más pasta de la que queríamos gastarnos en un inicio, o cuando ni siquiera sabemos cuánto dinero nos hemos gastado en microtransacciones para conseguir vidas nuevas, skins, multiplicadores de puntuación, sobres…