Redes y mensajes

Las redes son una puerta al mundo online, donde diferentes perfiles (de personas, grupos, empresas…) se interconectan o se siguen para poder compartir contenidos de todo tipo (sobre todo con imágenes y vídeos), además de reacciones, comentarios, conversaciones… Sirven para conectar con otras personas, encontrar contenidos interesantes, recomendaciones de lecturas, juegos o música, aprender cosas nuevas, estar al día de eventos que nos motivan, escuchar nuevos discursos políticos, o comprar productos interesantes.

Además con los mensajes, DM, chats, etc. podemos mantenernos en comunicación constante y directa con familia, amistades, colegas, gente con intereses comunes… independientemente de la hora que sea, estén donde estén y con el formato que queramos (mensajes, audios, vídeos, stickers…).

Dicen, dicen…

Que nos roban el tiempo para que pasemos demasiadas horas. Que estamos enganchadas. Que nos hacen hacer tonterías. Que los y las adolescentes no lo sabemos utilizar con ninguna. Que son cosa de chicas. Que nos hacen personas sedentarias y dejar de hacer otras cosas. Que están regidas por algoritmos que nos conducen a unos contenidos y no a otros, que están llenas de publicidad y sólo quieren nuestra atención.

Pero al mismo tiempo la gente adulta las utiliza igual, ¡en todo momento y todo lo comparten allí!

Las criticamos porque…

Es facilísimo perder totalmente la noción del tiempo y pasar demasiado tiempo.

¡Es muy fácil hacer daño a otras personas! Compartir memes, stickers, bromas que escapan de las manos… puede acabar en situaciones muy complicadas donde nadie sabe cómo actuar ni cómo tomar responsabilidad. Además, es muy fácil simular que no va conmigo cuando le pasa a una persona que no es nuestra amiga.

La gente publica contenidos o sigue tendencias no sólo por interés propio sino por hacerse ver y quizás llegar a ser viral. A veces se hacen comentarios o se publican cosas extremas porque generarán más reacción (¡aunque sea negativa!).

Muchos de los contenidos que vemos son realmente publicidad encubierta porque hacemos o compramos determinadas cosas. ¡Cuesta poder fiarse de la opinión de nadie, por mucho que nos parezca una persona cercana!

No siempre podemos saber realmente quién está al otro lado. Sabemos que es muy fácil que un perfil no se corresponda con quien pensamos, o que alguien tenga perfiles falsos con diferentes intenciones.

Es un recurso fácil para no tener que afrontar algunas cosas cara a cara (decirle a alguien que nos gusta, comentar a una colega que nos ha enfadado) y podemos acabar usándolas para no mostrar la nuestra personalidad de verdad, porque hay cosas que nos generan inseguridad o porque no queremos arriesgarnos a caer mal… Y esto dificulta que la gente nos conozca y acepte tal y como somos.

Dificultan intercambios de ideas reposados y ricos porque promocionan el uso de un lenguaje y unas ideas simples, respuestas rápidas y reacciones sin reflexionar.

Nos desconectan de nuestro cuerpo y dejamos de realizar otras actividades.

Nos hacen pensar que estamos conectados y conectadas, pero realmente estamos a solas en la habitación o con la cabeza en la pantalla cuando estamos en la calle con el grupo.

Pero tienen cosas buenas

Nos permiten crear contenidos, explicar al mundo lo que pensamos, compartir una canción que hemos compuesto, unas ilustraciones en las que estamos trabajando o montar una campaña con la gente del barrio para salvar un parque.

Nos permiten estar constantemente en contacto con quien queremos, ver qué hacen los demás, tener acceso a cosas que pasan al otro lado del mundo, descubrir constantemente cosas nuevas y tener todo el entretenimiento que imaginamos al alcance.

Podemos mantener el contacto con mucha gente, sobre todo con la que vive lejos. Si hemos migrado de otro país o territorio, nos ayuda a mantener las relaciones de allí y mantener un vínculo con nuestra (otra) tierra.

Nos podemos mostrar tal y como somos sin tanta vergüenza como en el cara a cara –o tal y como nos gustaría ser…– y escribir todo lo que pensamos.

Para algunas personas pueden ser un espacio de confort y de refugio, y un lugar donde encontrar a personas y comunidades que no están físicamente cerca.

Que no nos despisten de lo que hay detrás

Las mecánicas que utilizan muchas redes sociales y apps de mensajería están pensadas expresamente para que no nos despeguemos (carrete continuo, notificaciones llamativas, avisos de la actividad de otros, etc.) y para que nos cueste parar o mantenernos mucho de tiempo sin consultar la pantalla. Nos entrenan para utilizarlas cuanto más mejor.

Los algoritmos favorecen los contenidos que generarán más visualizaciones y comparticiones y especialmente más dinero (publicidad constante, ventas, etc.) o más interacciones (polémicas, discursos de odio…), así que lo que se ofrece está pensado para captar al máximo nuestra atención y no está pensado para mejorar nuestra experiencia, sino la de quien saca rendimiento económico.

Las redes sociales digitales son en sí mismas empresas que desean hacer beneficios. Aunque son gratuitas –no pagamos dinero–, se lo cobran de diferentes formas: obteniendo información nuestra, con publicidad, con monedas virtuales que se compran con dinero real… Como sabemos, básicamente buscan control y poder (la información lo es) y también dinero, visibilidad y posicionamiento virtual influyente. Y no sabemos hasta dónde pueden llegar para continuar acumulando.

La información y las imágenes publicadas a menudo dejan de ser privadas y pasan a ser de la empresa. Ésta –si quiere- puede facilitar (sobre todo vender) información o estudios de nuestros datos a terceros. Las redes y chats son herramientas que se utilizan para saber qué hacemos, qué decimos y qué pensamos.

Cuanto más tiempo estemos la gente joven sentada en nuestra habitación a solas, más manipulables seremos. Y esto interesa a las personas y los negocios que quieren decidir por nosotros.

Si nos quedamos todo el día en una silla en casa o enganchados a edificios que tienen wifi gratis, iremos perdiendo cada vez más nuestros espacios (parques, pistas de futbito o baloncesto, casales de jóvenes…).

¡Está bien si no las usamos!

  • Tendremos más tiempo libre para realizar otras actividades.
  • No estaremos tantas horas tragando publicidad.
  • Pondremos en práctica más habilidades y práctica para hacer las cosas en la cara, sin tener que escudarnos detrás de un móvil u ordenador.
  • Nadie que no queramos se enterará de nuestras intimidades.
  • No harán negocio con nuestros datos ni decidirán por nosotros cuáles son nuestros intereses, ni nos tendrán bajo control.
  • No estaremos dando dinero a empresas no muy éticas con gente forrada de dinero.

Si lo hacemos, usémoslas bien

¡Disfrutemos de tiempo de desconexión de calidad! Apaguemos los dispositivos de vez en cuando, pongámonos horas libres de pantallas, etc.

¡Seamos conscientes del tiempo y el espacio que nos ocupan y ponemos límites!

  • ¡Pongámonos un máximo de tiempo al día y respetémoslo!
  • Llevémoslas lo menos posible hacia la habitación.
  • No las utilizamos cuando seamos con otras personas, o sólo si es para utilizarlas conjuntamente (¿o es que hemos quedado para estar cada uno con su pantalla?)
  • ¡Dejémoslas en casa de vez en cuando!

No hace falta que tengamos todos los perfiles ni todas las aplicaciones del mundo. Elegimos en cuáles queremos estar y porqué, y cuidamos la información que facilitamos y compartimos.

  • Leamos las condiciones de uso antes de darnos de alta, aunque haya mucha letra y pequeña, así por lo menos sabremos dónde nos estamos metiendo.
  • Revisemos la configuración de las redes y las aplicaciones de mensajería y ajustémosla a nuestras necesidades.
  • Nunca colguemos de forma pública datos personales como el número de teléfono, el correo electrónico privado, ni mucho menos la dirección de nuestra casa.
  • Podemos borrar perfiles antiguos que no utilizamos y desinstalar aplicaciones.

Seamos conscientes de las mecánicas que utilizan para tenernos enganchadas más rato y ponemos conciencia.

Gestionemos la privacidad de nuestros perfiles, decidamos con quien compartimos los contenidos de nuestras redes y con quien nos enviamos mensajes (amigos, amigas, amigas o gente conocida). Y, si no lo hacemos, tengamos cuidado con compartir nuestra intimidad.

No nos comparemos con lo que vemos. Sabemos que lo que aparece es sólo una pequeña parte (muy elegida ya veces fingida) de la realidad de las personas, nadie tiene tantas cosas ni se lo puede pasar tan bien, ni tener tan pocos defectos.

Mantengámonos con los pies en el suelo; podemos tener muchos seguidores o seguidoras, pero esto no significa que sean amigas con quienes contar.

Procuramos no engañar a nadie y mostrarnos tal y como somos. Si las utilizamos para decir lo que no nos atrevemos a decir de otra manera, que nos sirva para hacerlo después con la persona delante (¡en directo!).

Antes de colgar una foto o un vídeo pensémonoslo dos o tres veces. ¡Lo podemos dejar reposar unos minutos o unas horas si es necesario! Quizás nos puede parecer que es muy divertido al momento y tiempo después nos avergonzamos o nos damos cuenta de que alguien que aparecía no sale bien parada o sin el contexto del momento no se entiende y se puede malinterpretar o…

Además, no hagamos ni colguemos ninguna imagen de nadie sin su consentimiento explícito. No utilicemos imágenes de otras personas sin su consentimiento, aunque sean públicas en sus redes.

Procura no poner dinero (para conseguir bonificaciones o promociones) ni comprar a través de las redes.

No damos por sentado que todo el mundo tiene, ni nos riamos si no lo tienen. Hay gente que prefiere otra forma de relacionarse o quizás no tiene acceso a todo lo que se necesita para ser miembro (ordenador, Internet, permiso de la familia, etc.).

Prestamos especial atención cuando…

Nos cuesta mucho parar y pasamos más tiempo de lo que nos hemos propuesto. Nos cuesta tanto parar que casi hemos decidido que no tiene sentido ponerle límites porque siempre nos los saltamos.

Nos estamos hasta tarde y nos quitan horas de sueño.

Estamos pendientes constantemente de lo que pasa y de qué será lo que colgaremos próximamente. Lo que ocurre en los chats y en las redes me inquieta o me angustia y necesito verlo al momento.

Lo primero que hacemos cuando tenemos un segundo libre es consultarlas redes o mensajes y no podemos estar unas horas sin mirarlas. Y el plan del fin de semana es pasar el rato con el móvil, o realizar actividades para poder lucir en las redes sociales.

Nos preocupa más cómo va nuestro perfil online que qué impacto tiene lo que colgamos para nuestras amistades.

Poco a poco estamos dejando de hacer lo demás que hacíamos.

  • Algunas pueden ser obligaciones, como deberes o tareas de casa. Y esto nos trae problemas con el profesorado y la familia.
  • Otras actividades que nos hacen sentir bien como salidas, movimiento, deportes, manualidades… actividades que no son compatibles con la pantalla.

Decidimos conocer a personas a través de redes sociales. Es mejor no hacerlo, pero si lo hacemos expliquémoslo a otras personas en las que confiamos (monitoras del esparcimiento, entrenadoras del equipo, nuestra prima más grande…) y escuchamos su criterio.

  • Buscamos estrategias que nos hagan sentir cómodas y seguras.
  • No compartimos datos personales ni imágenes nuestras, ni mostramos en vídeo nada que no queramos que sea grabado.
  • Si decidimos quedar con una persona desconocida –a veces sale bien, a veces es una pifia, a veces ocurren cosas muy series…– podemos:
  • Ir en compañía de colegas o de una persona adulta y siempre a un lugar público y que nos haga sentir seguras.
  • Si decidimos ir solas o solos, debemos decirle a alguien –mejor si es una persona adulta porque puede tener más recursos en caso de problema– dónde iremos y todos los datos que tengamos de la otra persona (por si las moscas).

Si el contenido que estamos compartiendo o viendo nos hace sentir incómodos.

Está circulando por la red un material nuestro sin nuestro consentimiento (fotos, un vídeo…). Podemos exigir a la empresa que lo retire en los siguientes casos: desnudez o pornografía, consumo de drogas, violencia o ataques a una persona o grupo.

Somos víctimas de acoso por Internet o nos están chantajeando diciéndonos que colgarán unas determinadas imágenes nuestras si no hacemos ciertas cosas. Hablamos enseguida con una persona adulta de confianza (un profesor, la madre de una amiga, un tío o una tía…) o comentémoslo a los Mossos d’Esquadra y ellos trabajarán para echarnos una mano.