Hay gente que bebe alcohol sobretodo para relacionarse con los y las demás. Dicen que facilita las cosas o que hace perder la vergüenza, pero también hace perder el control y puede ser que no seas como eres siempre. Además, si nos “ayudamos” del alcohol para relacionarnos, no aprendemos a relacionarnos sin el alcohol… nunca dejaré de tener vergüenza, saber qué quiero, aprender a lanzarme y a decidirme, y a disfrutar de todo esto con la cabeza bien despejada.

Pero cuando las cosas no nos salen demasiado bien, o directamente hacemos las cosas mal, a menudo resulta que ¡es culpa del alcohol! ¿Puede ser que haya gente que beba y después lo ponga de excusa?

El alcohol, por si mismo, no puede tener la culpa de lo que hacemos mal; si alguien decide beber, decide asumir lo que hace. Es a nosotros que se nos cruzan los cables. Mola aprender a hacer las cosas bien, ¡sean las que sean!

Pero una cosa si que tiene; el alcohol avisa a quien se le va la ola. Escuchemos las alertas etílicas:

  1. Si el alcohol nos provoca mala leche y nos peleamos a la mínima.
  2. Si nos lo dice la gente; que el alcohol no nos sienta bien.

Si nos pasan cosas así, no tenemos que beber. Hagámoslo por nosotros y por los demás que se comen nuestros marrones.