Cuando hablamos de alcohol, las mezclas siempre son una mala idea.

Pero no solo la mezcla entre diferentes tipos de alcohol: ahora tomo una cerveza, ahora hay alguien que me ofrece un chupito de colores, ahora bebo de ese combinado o “cubata” que no se que tiene… Así no solo se pilla una borrachera peor, donde probablemente nos acabaremos haciendo vomitar o haciéndonos pasar una resaca terrible, sino que castigamos el cuerpo mucho más: es como cambiarle las marchas al coche sin orden ni sentido, nos lo cargamos si no vamos con cuidado.

Hay otra mezcla especialmente peligrosa cuando hablamos de alcohol, y es mezclarlo con bebidas (que se hacen llamar) energéticas. Mezclar un depresor como el alcohol y un estimulante como estas bebidas nos puede traer más de un dolor de cabeza, ya que los efectos no se contrarrestan, sino que se enmascaran. Es decir, la percepción de estos efectos se distorsiona y se pueden agravar ya que no controlamos mucho que pasa.

 

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A veces parece que se exagera, pero es un tema serio. Por ejemplo, un estudio del 2012 mostró que las personas que acostumbran a combinar bebidas energéticas y alcohol son un 600% más propensas a sufrir taquicardia y un 400% más propensas a experimentar temblores, irritabilidad e insomnio.  Pufff…

Otro ejemplo: ya sabíamos que el alcohol no hidrata, más bien lo contrario, deshidrata; el azúcar y la cafeína de las bebidas energéticas son además muy diuréticos. Así que mearemos mucho pero no estaremos reponiendo el agua que perdemos. Esto nos puede hacer sentir mal por la noche y peor todavía por la mañana.

 

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Si decidiésemos tomar alcohol, la única mezcla buena es alternarlo con agua o zumos naturales para prevenir la deshidratación.