Desde muy pequeños y pequeñas, los mensajes publicitarios de muchas empresas nos bombardean para que nos obsesionemos con nuestro cuerpo, mostrándonos repetidamente un modelo de belleza único y basado en una perfección que no es real.

 

Esto ha ido provocando frustración y malestar a los y las jóvenes; sobretodo chicas, pues los mensajes dirigidos a ellas acostumbran a ser más intensos y agresivos.

 

Nos hemos acostumbrado a compararnos con modelos irreales de belleza a través de la publicidad, pero la publicidad está presente, cada vez, en más terrenos de nuestras vidas.

 

¿Te has fijado que a las redes sociales digitales, gran parte de las imágenes que compartimos, observamos o comentamos tienen que ver con el cuerpo y su aspecto?

 

“Poses” estudiadas, imágenes de una parte del cuello, oreja o labios con retoques fotográficos que las hacen parecer anuncios, una perspectiva de las caderas y las piernas para que tengan un aspecto delgado y largo, fotos de abdominales marcados, …

Además, muchos de los comentarios en las redes sociales donde predominan los “compartir” de fotografías, hacen referencia al cuerpo que aparece, juzgándolo como atractivo o no, que se traduce en si ese cuerpo es aceptable… o no.

 

A veces nos puede parecer que estos tipos de comentarios no tienen importancia e, incluso, los valoramos como positivos cuando le decimos a algún contacto de la red que sale“guapo” o “guapa” en la imagen. Y quizás, a menudo, es así, pero esta práctica repetida ayuda a darle más importancia, todavía, al aspecto físico y a los juicios sobre el cuerpo, siempre con el ideal de “perfección” que nos impone la publicidad, presente. Con las redes sociales nos acostumbramos a compararnos y nos podemos obsesionar con la imagen, más fácilmente, ¡imaginar si el comentario es negativo! Detrás de la pantalla no encontraremos cerca una mirada de complicidad de un amigo o amiga que nos de apoyo y el bombardeo publicitario entrará con más fuerza en nuestro imaginario.