Es bien popular que el tabaco es una amenaza para la salud ya que se vincula su consumo a algunas enfermedades como diferentes tipos de cáncer, afecciones cardiovasculares o enfermedades respiratorias.
Este año, la Organización Mundial de la Salud ha querido aprovechar el Día Internacional Sin Tabaco para concienciar a la población sobre otra amenaza, más desconocida pero igualmente importante: la amenaza que supone para el medio ambiente a nivel mundial.
El tabaco es una amenaza para el medio ambiente en todo el momento de su proceso: desde el cultivo hasta los residuos que quedan una vez consumido, generando un impacto directo sobre la deforestación del planeta, las desigualdades, el empobrecimiento y la explotación de grupos sociales en situación de vulnerabilidad, la contaminación del agua y el cambio climático.

Cada año, la industria tabaquera cuesta al planeta más de 8 millones de vidas humanas, 600 millones de árboles, 200.000 hectáreas de tierra y 22.000 millones de toneladas de agua, además de generar 84 millones de toneladas de CO2.
Deforestación
La deforestación provocada por las plantaciones de tabaco representa el 5% del total de árboles que se talan en el mundo. Y más allá del problema que supone esto por sí solo, la deforestación también es la responsable de algunas consecuencias negativas para el suelo. Por un lado hace más complicado regenerar las tierras de cultivo, y por otro las que regeneran lo hacen con un peor rendimiento.
Desigualdades, empobrecimiento y explotación (explotación infantil)
La mayoría de cultivos de tabaco se encuentran en aquellos países que conocemos como el sur global, y en lugar de destinar las tierras de cultivo para alimentos, se están destinando a plantaciones tabaqueras, y es que las empresas así se enriquecen más. Y el problema es especialmente grave si se tiene en cuenta que en 4 de los 10 países que concentran el 90% de las plantaciones hay déficit alimentario (salen más alimentos de los que entran y se consumen).
Además, en cuanto a las personas, en estas plantaciones no se respetan los derechos laborales de las trabajadoras, algunas por ejemplo sufren una enfermedad conocida como «enfermedad del tabaco verde» provocada por los productos químicos que se utilizan en estos cultivos.

Contaminación del agua
En todo el procedimiento que se requiere para hacer un cigarrillo se contamina agua, con los químicos durante el cultivo como ya hemos explicado, en diferentes procesos de la fabricación y la distribución y especialmente en el consumo y eliminación del mismo. Las colillas son los residuos más comunes en calles, playas y aceras. Hay que saber que una sola punta de cigarrillo contamina hasta 50 litros de agua potable.
Cambio climático
En la producción y distribución no se puede menospreciar la huella de carbono que deja la industria del tabaco, así como el aumento de gases que contribuyen al cambio climático agravando aún más la situación global.
Más allá de las consecuencias para la salud (bien conocidas para la mayor parte de la población) y la consecuente decisión que toma cada uno sobre si quiere consumir o no esta sustancia, las consecuencias medio ambientales y sociales que provoca el tabaco tienen una responsabilidad, y es de la propia industria tabaquera. Como ciudadanos y ciudadanas debemos exigir a estas multinacionales una mayor responsabilidad ante el impacto medioambiental de su actividad.