Sobre el cannabis circulan muchas ideas que todo el mundo da por válidas, mucha gente las repite y, como se asumen como conocimiento popular, pocas personas se cuestionan si son ciertas o no. Una de las más comunes es que “los porros matan neuronas”. Pero cuando miramos qué dice realmente la ciencia, la respuesta es un poco más compleja de lo que parece.

El mito: ¿los porros matan neuronas?

La idea de que el cannabis, y por tanto los porros, mata neuronas sugiere que el consumo de esta sustancia provoca la destrucción de las células del cerebro. Que las hace desaparecer. ¡Puf! Ya no están.

Pero la investigación científica de la que disponemos actualmente no ha encontrado ninguna evidencia clara de que el cannabis mate neuronas. Es decir, a día de hoy no hay ninguna prueba que demuestre este hecho. Sí existen experimentos de las décadas de 1990 y 2000 en células cultivadas en laboratorio o modelos animales que muestran daño neuronal y muerte celular en algunas zonas del cerebro, pero en ningún caso se pueden hacer equivalencias con el cerebro humano, tanto por las condiciones “artificiales” de las células estudiadas en laboratorio, como por las diferencias entre modelos animales y humanos, o por las altas dosis de sustancias administradas en los experimentos.

¿Qué pasa realmente en el cerebro?

El cannabis tiene cientos de componentes, pero los más conocidos son el THC y el CBD. El THC actúa directamente sobre el sistema nervioso. ¿De qué manera? Modifica la forma en que las neuronas se comunican entre sí. Y afecta especialmente a las neuronas encargadas de tareas como la memoria, la concentración, la atención o la percepción del tiempo.

Por eso, cuando alguien consume cannabis pueden aparecer algunos efectos como dificultad para recordar cosas que han pasado hace poco, problemas de concentración o una reacción más lenta a lo que ocurre.

Por tanto, el cannabis no mata las neuronas, pero sí altera su actividad de forma temporal.

¿El cannabis no afecta al cerebro?

Pero decir que no mata las neuronas no significa que no afecte al cerebro de forma negativa. Como ya hemos dicho, cuando se pueden percibir efectos como un peor rendimiento de la memoria y la atención, queda claro que de alguna manera afecta al cerebro. Además, estos efectos pueden verse acentuados por muchos factores como la edad de la persona que consume, la frecuencia de consumo, la cantidad y la potencia de la dosis, características personales que puedan hacer a alguien más vulnerable, estímulos externos estresantes…

El cerebro, en construcción

Actualmente sabemos que el cerebro se desarrolla más o menos hasta los 25 años, o incluso hasta los 27. Hasta entonces, el cerebro vive totalmente “bombardeado” por hormonas y neurotransmisores que estimulan este desarrollo, y por tanto es especialmente sensible a sustancias externas que puedan alterar la comunicación entre neuronas.

Así pues, lógicamente, en relación con el cannabis, no consumir es la única opción segura. Pero en caso de consumo, cuanto mayor sea la edad, más ocasional sea el uso, y menor sea la cantidad y la potencia, menor impacto tendrá en el cerebro y en su desarrollo.

En conclusión, decir que los porros matan neuronas es una simplificación que quizá pretende asustar o exagerar más que explicar exactamente qué ocurre. Creemos que es mejor hablar del tema con información clara y basada en la evidencia científica disponible, en lugar de repetir frases alarmistas. Lo que ocurre en el cerebro ya es lo suficientemente importante.