En cuanto al consumo de alcohol, siempre deben tomarse algunas decisiones. La primera, y la más obvia, es si se quiere o no beber. Y entre la gente que decide consumir se deben tomar algunas más. Por ejemplo, ¿qué se decide beber? ¿Bebidas fermentadas (cerveza, sangría, vino…) o bebidas destiladas (ginebra, ron, vodka, whisky…)? Y si se quiere mezclar con otras bebidas, ¿cuáles? Agua, zumos de fruta o refrescos, por ejemplo. Y otra de las decisiones a tomar es: ¿cómo se hace esta mezcla?
La mayoría de gente que decide beber alcohol, lo hace mezclándolo con otras bebidas. ¿Podríamos preguntarnos por qué es así? ¿Quizás es porque a la gente no le gusta el sabor del alcohol y necesita esconder este mal sabor que tiene? Pero si no gusta su sabor, ¿por qué se bebe? Aquí seguro que encontraríamos respuestas muy diversas, pero vamos a hablar de cómo se hace esta mezcla.
¿Por qué no es lo mismo hacer la mezcla de alcohol en el vaso que en la botella?
Pues no, no es lo mismo beber haciendo la combinación en el vaso, que beber de la mezcla hecha directamente en una botella.
Si se hace la combinación al vaso, se puede controlar la cantidad de alcohol, y por tanto también la de refresco, zumo… (la que elegimos), que hay en cada momento. En cambio, si la mezcla se lleva hecha directamente en la botella y desde casa, o se hace en una botella para compartir en el mismo momento, es mucho más difícil controlar la cantidad de alcohol que hay en cada trago (y en cada vaso). Si, además, no llevamos otras bebidas sin alcohol para seguir haciendo la combinación, quizás notemos que está demasiado cargado, pero ya no hay forma de rebajarlo.
Controlar exactamente la cantidad de alcohol que hay (al vaso) nos permite respetar los ritmos de consumo de cada quién. Si no respetamos estos ritmos, y por tanto “se obliga” a alguien a beber más cantidad de alcohol o a hacerlo más rápido de lo que quiere, puede que la noche no avance según lo planeado y no acabe como deseábamos.

De hecho, el tercer argumento tiene que ver con esto: si en algún momento de la noche algo va mal, y alguien termina mal (o sea, vomitando o con algún tipo de malestar), si la mezcla está hecha en el vaso es mucho más fácil saber qué cantidad de alcohol ha bebido alguien, mucho más fácil saber qué hacer y cómo actuar. Si se bebe de una botella con una mezcla hecha y compartida, es mucho más complicado conocer la cantidad ingerida.
Y, por último, un último argumento: hacer la mezcla en el vaso permite que cada persona pueda mezclar el alcohol con la bebida que más le guste, sin necesidad de compartirlo y verse forzada a hacerlo con algún sabor que quizás no le apetece tanto.
Aunque quizás es cierto que es más cómodo hacer la mezcla a una botella directamente porque en un solo envase lo llevas todo, al fin y al cabo, la diferencia entre llevar dos botellas o una, tampoco es tanta, ¿no? En definitiva, es mejor hacer la mezcla en el vaso porque tenemos un mayor control sobre qué se consume exactamente. En la vida no todo debe ser comodidad, ¿verdad?