En fechas señaladas como el Black Friday, cuando se acerca Navidad o en los momentos de cambio de temporada y rebajas, las compras por lo general se disparan (también las que se hacen por internet).
Abrimos el móvil, el correo electrónico, la televisión o nuestras redes sociales y no paramos de recibir ofertas. Instagram está lleno de promociones y códigos de descuentos, nuestros youtubers favoritos nos comparten las mejores rebajas y la canción que estamos escuchando se detiene para recordarnos que quedan menos de 24 horas para aprovechar el precio rebajado. Ropa, electrónica, cosméticos, comida… ¡lo que sea, todo rebajado!
¿Pero realmente son ofertas y descuentos? Si lo pensamos bien, ¿quién gana con las ofertas? ¡Están hechas para que ganemos nosotres?

A menudo no es fácil comparar los precios rebajados con los precios sin rebajar de hace unas semanas, ¿verdad? Y lo más importante, si el mismo producto hace un mes se vendía por el doble, ¿por qué ahora a la empresa le interesa venderlo al 50%?
Habitualmente las ofertas responden a alguno de los siguientes aspectos:
- Es un producto que habitualmente la gente no compra y del que las empresas tienen un gran stock del que se quieren deshacer.
- Es un producto «gancho» que lleva a comprar otros productos de la misma empresa.
- O simplemente no existe una rebaja importante del precio pero es muy difícil compararlo con el precio anterior.

Si estamos en una de estas fechas en las que parece imposible huir de las ofertas, antes de realizar compras y dejarnos llevar por la impulsividad, podemos preguntarnos:
- ¿Cómo he conocido este producto? ¿Ya lo conocía antes de recibir publicidad?
- ¿Lo necesito? ¿Para qué?
- ¿A qué se debe realmente tan descuento? ¿Puedo comprobar de alguna forma cuál era el precio anterior?
- ¿Y si me espero a conocer más posibilidades? Quizá la compra no sea tan urgente como pensaba.