Para presumir hay que sufrir, no pain no gain y otros lemas nos dicen que para ser guapas y guapos nos lo debemos currar, que tenemos que modificar nuestro cuerpo para “mejorarlo” y llegar a los estereotipos que nos marcan la publicidad y los medios de comunicación. Pero ¿estamos de acuerdo con esto?
¿Todas las chicas tienen que depilarse las piernas? ¿Es obligatorio maquillarse? ¿Es más sexy tener la mandíbula marcada? ¿Para ser guapa hay que estar delgada? ¿Para ligar tengo que estar “cachas”? No. Cada cuerpo es como es y que seamos diferentes es genial porque precisamente esto es lo que nos hace especiales e interesantes.
¿Cómo son los cuerpos de las típicas «tías buenas» y «tíos buenos»? ¿Nos gustan? Probablemente, después de ver tantas veces los cánones de belleza de nuestra sociedad a través de series, películas, redes sociales y videojuegos, nos lo hemos creído un poco, pero en el fondo sabemos que la belleza auténtica y desbordante es la real. Entonces, ¿por qué les seguimos el rollo? Si nos comparamos con estos estereotipos quizás nos sentimos mal, quizás nos salen inseguridades e, incluso, puede que queramos cambiar nuestro cuerpo

Y en este punto, se nos ofrece un camino hacia la felicidad: una crema anti-acné, unas pastillas para adelgazar, un batido de proteínas para ponernos «cachas» rápidamente, un champú para que nos brille el pelo, un vestido para disimular la barriga y un largo etcétera de productos y servicios destinados a modificar nuestro cuerpo por un módico precio. ¿Es sano todo esto? Evidentemente, no. De hecho, la mayoría de esas soluciones «maravillosas» comportan riesgos para nuestra salud física y mental y, sobre todo, ninguna de ellas nos asegura dejar de rallarnos con nuestro cuerpo.
Por lo tanto, ¿quién gana con todo esto? Si nos fijamos, hay muchas empresas que se enriquecen mientras nuestra salud sufre, y eso sí que es feo. Nuestro sufrimiento es su beneficio. La verdadera belleza es la de nuestros cuerpos reales y diferentes. Cuidémonos y querámonos tal como somos.