Introducción
Es cierto que los videojuegos no son un fenómeno nuevo. Hace décadas que forman parte de la cotidianidad de una buena parte de la población, pero, actualmente, ocupan más tiempo y espacios que nunca: el porcentaje de población mundial que juega cada vez es más grande y diverso, la existencia de diversidad de dispositivos y plataformas desde donde jugar facilita la posibilidad de hacerlo desde cualquier lugar y en cualquier momento…
Y como que el fenómeno no es nuevo, tampoco lo son los debates, las polémicas y las controversias. Una de estas disputas consiste al averiguar si los videojuegos son una herramienta que puede mejorar la concentración o si, por el contrario, son un riesgo de dispersión y distracción.
Así pues, el quid de la cuestión: ¿los videojuegos pueden ser más que un entretenimiento? ¿Pueden influir, positivamente o negativa, en habilidades como la atención y la concentración?
Atención y concentración
Primero, ante todo, es necesario tener claro qué es la atención y qué es la concentración.
Por atención entendemos la capacidad cognitiva de enfocarse de manera selectiva a una información mientras se ignoran otros aspectos perceptibles. Es decir la capacidad de una persona para centrarse, conscientemente, en uno de los muchos estímulos que recibe, por encima de los otros.
En cambio, la concentración es la capacidad de mantener la atención en un periodo prolongado en el tiempo. O sea, es imposible estar concentradas si somos incapaces de mantener la atención.
¿Habilidades potenciadas por jugar a videojuegos?
Hay decenas, centenares, miles de videojuegos. Y cada uno tiene su mecánica de juego, su diseño y elementos muy diversos como para poder generalizar qué habilidades o soft skills pueden potenciarse con su uso.
Hay videojuegos que requieren habilidades de planificación, toma de decisiones y anticipación de movimientos. Estas a la vez pueden influir en un aumento de la capacidad de atención selectiva o la capacidad de mantenerse concentrado o concentrada en objetivos a largo plazo.
En otros casos, se necesitarán habilidades de reacción rápida o procesamiento de múltiples estímulos de manera simultánea. Esto se puede traducir en una mejora de la atención dividida, además de la rapidez de procesamiento de información o la memoria de trabajo.
Otros videojuegos, en cambio, exigen habilidades comunicativas, de empatía y trabajo en equipo para progresar u obtener una victoria. Estas tienen relación de manera directa con la atención, puesto que la capacidad de coordinarse con otras personas y planificar de manera compartida contribuyen a desarrollarla, además de fomentar otras cosas como el respeto.
También hay videojuegos que piden habilidades de exploración, capacidad narrativa, imaginación y creatividad. Esto puede contribuir a resolver problemas, crear historias o desarrollar la paciencia, que también pueden ser recursos clave en el desarrollo de la capacidad de enfocarse y mantener la atención.
O algunos juegos, en los que se necesita pensar rápido y trabajar en equipo bajo situaciones de presión, pueden ayudar a aprender a mantener la concentración, incluso en escenarios que en principio la dificultan, o a tener una mayor adaptabilidad en los cambios.
Aun así, que algunos juegos potencien algunas habilidades dentro del juego, no siempre significa que estas habilidades se trasladen a otras esferas de la vida.

Hay decenas, miles de videojuegos, cada uno con sus particularidades
¿Efectos nocivos o negativos por jugar a videojuegos?
Pero, por otro lado, las mismas mecánicas de juego, el diseño y los diferentes elementos que constituyen un videojuego, pueden suponer, de contrapartida, efectos negativos o riesgos en cuanto a la atención y la concentración.
Todas conocemos videojuegos con gráficos muy intensos, sonidos constantes, colores chillones, mecánicas de juego muy rápidas… Estos elementos pueden saturar la capacidad de atención y producir un efecto de incapacidad para mantener el foco en ningún estímulo o, que después de exponerse y mucho rato, aumente la insensibilidad a estímulos que no sean superintensos. Esta diferencia de estimulación respeto otras tareas, por ejemplo, más pausadas o tranquilas, puede llevar a una desmotivación para realizarlas, a una mayor impaciencia o nerviosismo o a experimentar sensaciones de disconfort al hacerlas.
A la vez, el hecho de jugar mientras se hacen otras actividades (como por ejemplo, charlando a la vez con amistades o haciendo los deberes o estudiante a las pausas entre partidas) reduce la eficacia de la concentración; por lo tanto, ni se tendrá una buena conversación, ni se jugará tan bien ni, sobre todo, se estudiará o se harán los deberes con atención, puesto que será difícil dedicarle el enfoque que requiere.
Otros elementos pueden tener una afectación menos evidente, pero igualmente importante: el cansancio por el juego o la reducción de las horas de sueño, para poner dos ejemplos, afectarán a capacidades como son la atención y la concentración.
Factores que modulan los efectos
¿Hay algunos factores que puedan hacer que esta incidencia negativa sea menor, o que los impactos positivos sean mayores?
Pues, por un lado, y como ya explicábamos anteriormente, dependerá en gran parte del tipo de juego, puesto que no todos inciden en las mismas habilidades.
Por otro lado, el tiempo también será importante. Tanto el tiempo que se pasa jugando, como la frecuencia de juego, o sea, las veces que se hace en un tiempo determinado. Mientras que jugar un rato corto de vez en cuando puede ser estimulante, muchas sesiones y/o sesiones muy largas de juego pueden provocar el efecto contrario.
También será fundamental el contexto donde se juega. No es el mismo jugar suela que con amigas, en un entorno superestimulante o a casa en un entorno tranquilo y relajado, de manera competitiva o simplemente como entretenimiento…
Y por último, el perfil de la persona jugadora: algunos factores como la edad, la personalidad, o la capacidad de autocontrol pueden hacer que sea más o menos probable que estos riesgos se materialicen.
Estrategias prácticas para potenciar la atención
Teniendo en cuenta los factores que pueden potenciar o debilitar las capacidades de atención y concentración, podemos establecer algunas estrategias prácticas para procurar salir muy paradas.
Podemos establecer sesiones de juego limitadas en el tiempo y con pausas regulares; así conseguiremos que las sesiones sean estimulantes y no provoquen fatiga cognitiva.
Cuando escogemos los juegos a los que queremos jugar, podemos elegir juegos cognitivamente estimulantes y no juegos que premien la acción inmediata, rápida y no reflexiva.
Podemos elegir el momento para jugar. De entrada, evitar jugar a videojuegos cuando hacemos otras actividades, especialmente si requieren estar concentradas y atentas. Y, por otro lado, alternar los videojuegos con actividades físicas y sociales, para dar estímulos diferentes a nuestro cerebro.
¿Qué otras estrategias se te acuden para potenciar los beneficios y eludir los riesgos?

El entorno también puede ser determinante