El uso de pantallas por parte de adolescentes y jóvenes siempre ha sido motivo de preocupación por parte de los y las adultas: familias, maestras, profesorado, periodistas y tertulianos… Desde la aparición de los videojuegos, los salones recreativos en los 80, el fenómeno de las redes sociales digitales o la reciente popularización de la IA, se han repetido mensajes de alarma, peligrosidad y consecuencias negativas, especialmente para la salud mental.

Se señalan cosas muy diversas, como el tipo de contenido que se consume o la impulsividad con la que se hace. Y una de las cosas que más preocupa y más se repite es que los adolescentes y jóvenes pasan demasiado tiempo ante las pantallas. ¿Pero cuánto tiempo es demasiado tiempo?

¿Por qué preocupa el tiempo?

El tiempo que utilizan las pantallas los adolescentes y jóvenes es una de las grandes preocupaciones de las personas adultas, por una variedad de motivos.

El primero que queremos señalar es que a menudo se considera que cualquier cosa que hacen los y las adolescentes “está mal”. Muchas veces se juzga desde un punto de vista adulto y no se tiene en consideración las características propias de la etapa adolescente. En nuestra sociedad observamos varias manifestaciones de esta mirada, que se llama adultismo o adultocentrismo.

Por otro lado, algunos de los argumentos que se usan para justificar esta preocupación tienen que ver con el aumento, en los últimos años, de diagnósticos relacionados con la salud mental entre las más jóvenes: ansiedad o depresión por ejemplo. Si bien es cierto que hay algunos indicadores en esta dirección, no hay evidencia robusta que relacione directamente que el tiempo del uso de las pantallas cause esta afectación sobre la salud mental. Y, a veces, se obvian otros posibles explicaciones como las expectativas nada optimistas sobre el futuro (tanto individual como colectivo) o el déficit de profesionales de la salud mental en el sistema público.

También se dice a menudo que el uso de pantallas disminuye la capacidad de concentración y el rendimiento académico. A pesar de que esta relación es importante, esto no es propio solo de adolescentes y jóvenes. ¿O es que a las adultas ahora no les cuesta más estar concentradas durante ratos largos haciendo una sola tarea? ¿O ya no recuerdan de cómo se distraían con cualquier mosca mientras estudiaban cuando eran jóvenes?

¿Qué pasa con las pantallas y el sueño? Es verdad que el uso de pantallas puede afectar el sueño porque puede provocar que vayas a dormir más tarde o porque ir a dormir justo después de utilizar pantallas hace que no se descanse del todo bien y, por lo tanto, te levantas más cansada por la mañana y esto no mola. Pero para las personas adultas pasa igual.

Por último, otro argumento estrella es apelar a la dependencia del móvil que tienen los adolescentes y jóvenes, ¡como si no vivieran enganchados al móvil ellos y ellas!

¿Pero cuánto tiempo es demasiado tiempo?

Entonces llega la gran pregunta: ¿cuánto tiempo es demasiado tiempo? Porque claro, lo que para una persona es mucho tiempo, para otra quizás es poco.

Según la Asociación Española de Pediatría las personas de entre 13 y 16 años tendrían que pasar como máximo dos horas en el día, incluyendo el periodo escolar, usando las pantallas. Hay varios informes que confirman que la mayoría de personas de esta edad pasan más (o mucho más) de dos horas diarias. De hecho, a menudo, el doble.

Por lo tanto, sería una buena idea marcar estas dos horas como límite personal de tiempo de uso. Pero ¿es lo mismo utilizar dos horas las pantallas para hacer un trabajo de clase, que para jugar a videojuegos, chatear, mirar redes sociales, una serie o un stream?

¿Y si lo preocupante no es el tiempo?

Si nos paramos a pensar un poco, quizás donde tenemos que poner la atención no es solo en el tiempo, sino en que se hace durante este tiempo, o que se deja de hacer fuera de las pantallas. Y ser sinceros y sinceras en cómo esto nos puede afectar.

Si dejas de hacer otras cosas, las que son obligatorias, pero también las que no lo son y te gusta hacer, para pasar tiempo con la pantalla, quizás sí que hay algo que nos tendría que preocupar.

Si te afecta emocionalmente y no sabes cómo regular estas emociones, y vives con mucha intensidad algunos malestares porque has perdido una partida, o porque tienes pocos likes en la última publicación que has hecho, quizás nos tiene que quitar el sueño más que si estás más minutos o menos.

Si no quieres parar de usar una pantalla y dices excusas como “tengo que mirar ahora las stories porque si no desaparecen” o “no puedo apagar la consola”, no puedes controlar el tiempo que estás y se te hace de noche, las horas se te pasan como minutos, etc., no es tan alarmante el total de horas que puedas pasar ante la pantalla como la intensidad de uso.

Entonces, ¿nos tiene que preocupar algo?

De todos modos, queremos dejar claro que es un tema complejo. No es tan sencillo como plantear que hacemos las cosas mal, como explicábamos al inicio.

Si todo esto pasa (que pasamos más tiempo del que querríamos mirando pantallas, que nos atrapa contenido que solo nos despierta emociones negativas, que tenemos conflictos en casa por el uso que hacemos del móvil…) y le pasa a tanta gente, tenemos que tener claro que es porque hay intereses en que esto sea así. Cuando hablamos de pantallas está claro que todo está diseñado para que esto pase de este modo.

No nos tenemos que sentir culpables, o que fallamos constantemente, o que no podemos hacer nada. Pero sí que está bien ser conscientes, puesto que hay mecanismos y maneras para poner atención y procurar no caer a las trampas que la industria, tanto de dispositivos como de aplicaciones, nos paran para atraparnos. Tampoco nos tiene que servir como excusa para no asumir la parte de la responsabilidad que tenemos en el uso que hacemos de las pantallas y como esto nos puede acabar afectando. Aprender a cuidarnos y a tener una visión crítica con lo que consumimos también está en nuestras manos.