Hoy, cuidarse parece sinónimo de tener que entrenar todos los días y exhibir el progreso en las redes. Incluso que vaya acompañado de la palabra “fitness”, creando una cultura propia. Una cultura amplificada por cientos de influencers, que han convertido su cuerpo en un producto y las redes sociales en el escaparate donde mostrarse.

Pero esta moda, no se queda aquí. Ligado al fitness cada vez es más habitual encontrar otras cosas que parecen imprescindibles en la persecución del éxito personal: levantarse a las 5 de la mañana y establecer una rutina de mañana, tener una disciplina muy estricta, seguir una filosofía de vida estoica, tomar suplementos pre y post-entrenamiento…

Pero, ¿qué hay detrás del fitness que vemos en las redes sociales? ¿Es salud o es un negocio? Y ¿cómo afecta todo esto la relación con nuestro cuerpo, quiénes somos y las expectativas de lo que quisiéramos ser, especialmente en un mundo donde las pantallas filtran lo que vemos?

Pantallas que modelan el cuerpo

Como explicamos aquí, y como probablemente sabéis, los algoritmos favorecen los contenidos que generan más visualizaciones y comparticiones y especialmente más dinero (publicidad constante, ventas, etc.) o más interacciones (polémicas, discursos de odio…), así que lo que se nos ofrece está pensado para captar al máximo nuestra atención y no está pensado para mejorar nuestra experiencia.

Así pues, las aplicaciones premian imágenes de abdominales marcados, rutinas extremas, etc. Y estos contenidos pueden generarnos admiración, pero también ansiedad. Seguir influencers fitness no es sólo seguir a una persona: es seguir a una idea de cómo deberías vivir, comer, dormir… y mostrarte. En el mundo digital, el cuerpo deja de ser sólo nuestro para pasar a convertirse en un producto a mejorar y exponerlo constantemente. Parece que si no muestras el entrenamiento, no lo has realizado.

¿Salud o negocio?

Detrás del discurso de «vida sana» a menudo se esconden la venta de programas de entrenamiento, empresas que venden suplementos, dietas o incluso ropa deportiva. El problemaa, no es sólo el contenido que se consume, sino el porqué: ¿realmente es una necesidad o sólo es el deseo de parecernos a los cuerpos que vemos en las redes sociales? En un mundo cada vez más incierto, controlar el propio cuerpo puede parecer una forma de tener algo seguro. Pero cuando se convierte en una obsesión o en una exigencia constante, puede ser algo negativo por la salud, tanto física como mental.

¿Y si estar bien no depende sólo de ti? ¿Y si cuidarse no significa más que vivir mejor?

Es necesario que pensemos qué significa cuidarse. Quizás no son necesarios suplementos de ningún tipo, ni rutinas estrictas, sino movimiento que nos guste y nos haga sentir bien, alimentación que nos satisfaga y aporte los nutrientes necesarios. Deberíamos poder movernos y comer con placer y no con culpa. Y en este sentido, nos puede ir bien conseguir espacios libres de presión estética, y, por tanto hacer silencio digital puede ser una buena estrategia. En ocasiones, desconectar del móvil es más sano que beber un batido de proteínas.