El cannabis es una sustancia de la que escribimos muy a menudo, especialmente de las dos presentaciones principales que se consumen de forma recreativa, la marihuana y el hachís. A veces, para acortarlo, hablamos de los porros. Principalmente porque es la forma más conocida de su consumo, pero esto no quiere decir que esta sea la única manera de consumirlo.
Cuando decimos que no es lo mismo fumarse un porro de hachís que comerse una porción de bizcocho hecho con marihuana, parece muy obvio. Pero es que no es el mismo, y nos tiene que quedar muy claro. Pero no se trata solo de que cambie la presentación o el formato. Es muy importante saber que una misma sustancia (o variantes de una sustancia) puede funcionar de forma diferente, tener efectos diferentes e incluso riesgos diferenciados segundos su forma de consumo.
Y para poder tomar decisiones sobre si consumir o no hacerlo, si quizás se tiene que esperar a otro momento, otra presentación, otra compañía, etc., o para minimizar los riesgos que hay en estos consumos, es interesante saber cuáles son estas diferencias.
Hoy explicaremos qué pasa con el cannabis cuando se come. Y para hacer un poco de spoiler diremos que es una de las maneras de consumir cannabis que tiene más riesgos inmediatos.
Presentación, ¿Por qué galletas y bizcochos?
Una de las primeras cosas que se tiene que saber es que el cannabis es liposoluble, y no hidrosoluble; esto quiere decir que no se disuelve o se incorpora o se “deshace” en el agua (o lo hace solo en unas condiciones específicas), sino que lo hace en algo que tenga grasas, como mantequillas, leches animales, aceites, etc. Por este motivo, la gente que lo cocina lo acostumbra a hacer en dulces como galletas o pasteles.
Otro tema, y quizás para un futuro artículo, son los procesados que se pueden comprar en algunas tiendas o a internet, donde la variedad de aquello que se puede conseguir es mucho más amplía. Las preparaciones de estos productos tendrían que ser con métodos profesionales y proporcionando información sobre la cantidad y la dosificación; si no, los riesgos pueden ser muy elevados dado que las personas tienden a confiarse cuando compran algo con apariencia “profesional”, como si alguien ya hubiera pensado en los riesgos por ellas.
Pero volviendo al tema de las galletas y los bizcochos, ¡primera alerta! Debemos tener en cuenta que estas presentaciones, que son muy golosas y atractivas, pueden aumentar el consumo que se hace por el único hecho de tener hambre o de que te gusten los dulces.

Efectos
Cuando el cannabis produce efectos es porque llega al cerebro a través de la sangre; pero cuando este se come entra al torrente sanguíneo des del aparato digestivo (y no de los alveolos pulmonares, como pasa cuando se fuma) donde, para decirlo de una manera sencilla, los componentes se transforman y aumentan su potencia.
Esto quiere decir varias cosas. Primero, que los efectos tardan mucho más a aparecer que con el consumo fumado (pueden tardar aproximadamente una hora, a pesar de que esto variará dependiendo de si se ha comido antes o no, de la variedad, etc.). Segundo, que cuando los efectos aparecen, acostumbran a hacerlo de golpe; se puede pasar de 0 a 100 en muy poco tiempo. Tercero, que estos efectos pueden tener una mayor intensidad y, sobre todo, una sensación diferente a la que se tiene con otros consumos. Y desconocida para personas que quizás hayan fumado porros antes.
Y cuarto, que los efectos pueden prolongarse durante horas, incluso entre 8 y 12 horas.
Así que, ¡segunda alerta! En resumen: los efectos pueden tardar mucho más a aparecer, hacerlo de golpe, ser muy intensos y durar muchas horas. No es la mejor situación si teníamos pensado salir de fiesta, si tenemos planes con gente o si al día siguiente tenemos que hacer cosas. Además, se trata de un viaje muy largo; más motivo para evitar que sea un mal viaje.
Dosificación
Con los comestibles es muy difícil saber qué cantidad se ha ingerido. Por un lado, porque habitualmente se desconoce la que se ha cocinado (cuánto cannabis se ha puesto, de qué variedad, se ha calentado mucho o poco -hecho que puede afectar a su potencia-, etc.). Pero también porque dependiendo de cómo se cocine, una porción puede contener cantidades diferentes a otra porción (el aceite se ha esparcido de forma irregular, o se han quedado algunos grumos de mantequilla, etc.).
Además, cuando los efectos tardan a aparecer (como explicábamos antes) puede haber el impulso de comer más porque no se está notando ningún colocón, y acabar con una dosis mucho más grande del que se puede gestionar.
¡Tercera alerta! ¡Paciencia y mucho de ojo con las dosis, mejor menos (o nada) que demasiado!

Accidentes
¡Y para acabar, un dato que es muy importante! El consumo de cannabis con comestibles es uno de los motivos más frecuentes por el cual los y las jóvenes acaban en el hospital por reacciones adversas a las drogas. La sobredosificación, la alta intensidad del viaje, la larga duración de los efectos, y otras cuestiones pueden llevar a una visita a urgencias. Algunas personas se han encontrado con efectos como taquicardia, ansiedad, nerviosismo, e incluso ataques de pánico.
Cuarta alerta, ¡los mal viajes son frecuentes!
En resumen…
En resumen, los comestibles con marihuana no se tienen que consumir como un porro porque no son un porro, ni se tiene que esperar que tengan los efectos de un porro. Si un porro está muy cargado, se puede parar el consumo después de una o unas caladas o si la variedad de marihuana o el tipo de hachís es muy potente, se nota en los pocos minutos y se puede parar el consumo. Cómo hemos visto, comer cannabis funciona de una manera muy diferente. Una vez se ha ingerido, ya no hay vuelta atrás.
Así que tener toda esta información presente, y tener en cuenta todas las alertas, nos puede servir para tomar las mejores decisiones posibles para nosotras en cada momento.