Desde hace un tiempo hay bastante debate sobre cuál es la mejor edad para tener un primer teléfono móvil, especialmente si es un smartphone. Quizá hayas visto expertos y expertas, profesionales, educadoras… y también tertulianos de diferentes medios, hablando del tema en los últimos meses. ¿A partir de los 12? ¿De los 16? ¿O de los 18? ¿No hace falta esperar tanto, mejor en primero de ESO? ¿Mínimo hasta segundo de ESO? Depende de cada adolescente y joven, pero ¿cuándo?

Lo hemos podido ver en redes, leer en la prensa, escuchar en la radio, seguir en televisión o simplemente en una conversación en casa nuestra abuela. Así que este debate ha llegado a muchas casas y ha hecho que muchas familias se planteen en serio cuando es el mejor momento para que su hija o hijo, tenga su primer móvil. Y, tal vez, esa persona, eres tú. Puede que, particularmente, no te interese el móvil y el debate te sea indiferente, pero también puede que sí, ¡y mucho!

En toda esta conversación… ¿Cómo te afecta? ¿Qué papel tienes y qué podrías proponer?

¿Qué edad? ¿En qué momento?

Habías dado por sentado que antes de empezar el instituto tendrías móvil, como tu hermana, y al final, no. Luego vino la idea de que pudiera ser un regalo de Reyes en Navidad de primero de ESO y, tampoco. Y ahora, ¿resulta que estás en segundo de ESO y todavía te dicen que quizás tienes que esperarte un año más? A ti te parece más un castigo que otra cosa…

Quizás tienes razón al pensar que es injusto, y que con tu hermana mayor no hubo tanto debate cuando el verano antes de ir al instituto le compraron un teléfono móvil. Pero quizá hace 6 años no existía la información, ni los debates (o reflexión), ni el interés que hay ahora por parte de muchas familias de decidir (de forma consciente) cuándo y cómo comprar un móvil. Es importante profundizar en cuáles son sus motivos para querer retrasar esta adquisición y, también, cuáles son los tuyos para quererlo lo antes posible.

Algunos argumentos para retrasar al máximo el móvil son: el impacto en la salud mental, la difícil gestión de las interrupciones, el acceso a determinadas aplicaciones o contenidos, la dificultad de no pasarse del tiempo recomendado, el empeoramiento de la concentración, las afectaciones al sueño, los efectos negativos en los estudios, la relación con otras personas o con lo que motiva y activa… En realidad, no son argumentos tan diferentes que para el resto de pantallas. La diferencia es que el móvil parece que se debe tener siempre encima, 24/7, y eso aún lo hace todo más difícil.

 

Adolescent adormit amb el mòbil a la mà

 

Por otra parte, algunas familias quieren el móvil para poder contactar con hijos e hijas, ¿verdad? Es decir, saber dónde están, qué hacen, con quiénes están o que puedan contactarles si necesitan algo. Esto puede coincidir con el momento o el hecho de poder empezar a ir solos y solas o incluso salir de noche. Pero incluso estos motivos no se corresponden con una edad concreta, y en cada casa pueden ser diferentes.

Lo sentimos, pero la recomendación general es que las pantallas, y especialmente el móvil, se den cuanto más tarde mejor y cuanto mayores mejor, porque cuanto más madura es una persona, más facilidad tendrá para hacer una buena gestión. Pero también porque cada vez somos más conscientes de que las pantallas están diseñadas para captar al máximo nuestra atención y hacernos pasar el máximo tiempo posible, y eso tiene riesgos, también para la salud.

¿Qué propuestas tienes tu?

Sientes que, si no tienes móvil, te vas a quedar fuera de todo. No es que pienses que tus amistades dejarán de serlo si no tienes, sino que te das cuenta de que no sabes de qué van algunas conversaciones, que te gustaría comentar y compartir más cosas y no tener que preguntar de qué hablan y que no es lo mismo depender siempre de los demás para conectarte al perfil que, en el fondo, ya tienes.

A algunas personas adolescentes tener móvil les hace sentir que están más dentro del grupo, porque lo que más ponen en valor es relacionarse. Así que no eres ningún “bicho raro” si quieres un móvil para estar en contacto con tus amigos y tus amigas. Pero formas de relacionarte con tus amigos y amigas hay muchas (sin pantallas también, ¿verdad?). Las pantallas pueden ser un atajo, pero no son una necesidad, son un deseo, y está bien recordarlo.

Reconocer ese deseo, más que procurar convencer a quien nos cuida de que es una necesidad, puede ser un primer paso para plantear la conversación con nuestras madres, padres o tutoras. Ser honestos con lo que queremos es importante y ayuda a comunicarnos mejor. Y a reflexionar y argumentar con mayor profundidad, también.

 

Mostrador comercial de venta de telefons mòbils

 

Así que, quizás hay que ir un poco más allá. Si la familia está preocupada porque el móvil “engancha mucho” (que es cierto), quizás está bien que los plantees “para qué lo quiero” y “cómo lo quiero utilizar”.

¿Para qué lo quiero? Es necesario sincerarse y mejor no inventarse excusas. ¿Para relacionarse con otros y para avisar si ocurre algo, pero también por: jugar, tomar fotos, ver vídeos, descargarse apps… ?

¿Cómo quiero utilizarlo? Sólo para trayectos nocturnos. O… ¿cada día a todas horas, en casa, en la calle, en todas partes…?

Es necesario sincerarse con los demás, pero sobre todo con uno mismo, porque sólo así podremos hacer propuestas realistas.

¿Puede ser una decisión consensuada?

Cada casa es un mundo. No sabemos si tener (o no) móvil puede llegar a ser una decisión consensuada en tu caso, esto depende de cada familia, pero te animamos a que lo habléis y toméis compromisos conjuntos. El charlar y tomar decisiones como familia es algo que se debe ir practicando.

La iniciativa de hablarlo la podéis tomar también vosotros. ¿Has intentado convocar un encuentro familiar para hablar conjuntamente? ¿Has intentado plantear propuestas concretas y realistas? ¿Proponer ejemplos de cómo lo hacen otras familias? ¿Proponer compromisos que se ajusten a las necesidades de casa?

 

Noia adolescent escrivint en un paper

 

¿Cómo hacemos una propuesta concreta?

Tener un teléfono móvil debería comportar también responsabilidades sobre el aparato y su uso. Una forma de gestionarlo puede ser a través de un tipo de contrato o normas para todas las personas de casa que tienen móvil (a la gente adulta tampoco le es fácil, a menudo, gestionarlo). ¡Esta idea no es nueva y seguro encontrarás ejemplos!

Algunas preguntas a responder a través del contrato, las normas o los compromisos que tome, pueden ser:

  • ¿Cuándo se puede utilizar el teléfono móvil y cuándo no? (momentos, espacios, actividades…)
  • ¿Para qué se puede utilizar? ¿Existe alguna restricción de aplicaciones o contenidos? (¿Hay aplicaciones que están vetadas? ¿Qué pasa con las que generan gastos económicos?)
  • ¿Cómo lo utilizaremos para comunicarnos entre los miembros de la familia? (¿Sólo nos llamaremos? ¿Tenemos un grupo?)
  • ¿Quién asume el coste del aparato? ¿De quién es la responsabilidad de cuidarlo y repararlo si es necesario?
  • Si tenemos alguna dificultad o situación desagradable a través del móvil, ¿cómo lo gestionaremos?
  • ¿Qué ocurre si se incumplen las normas??

Podemos aprovechar este encuentro para reflexionar también sobre qué usos se hacen del móvil por parte de todos los miembros de su casa y plantear, tal vez, algunas medidas si vemos que nos estamos pasando de tiempo 😉

Y si todavía quieres ir al encuentro familiar con más deberes hechos, les podéis recomendar estas dos guías a vuestras familias: [1][2]