Durante muchísimos años fumar tabaco estaba asociado a diferentes estereotipos: rebeldía, transgresión, madurez, etc. Las películas, las series, los anuncios, los videoclips e incluso las novelas convirtieron el tabaco en un símbolo. Pero en los últimos años algo ha cambiado.
Para mucha gente joven, fumar ya no es algo atractivo y se relaciona con una imagen antigua y poco saludable: el tabaco huele mal (siempre lo ha hecho!), deja rastro en la ropa (y esto se nota), molesta a la gente que no fuma (y a la que fuma a menudo también) y puede provocar enfermedades y afectaciones de salud diversas.
Pero aun así, la nicotina continúa presente e incluso vuelve a ganar terreno. Quizás las adolescentes de ahora fuman menos tabaco que las anteriores, pero esto no quiere decir necesariamente que se consuma menos nicotina. De hecho, en muchos casos parece que pasa justo el contrario.
La reinvención de la nicotina
Si el 1994 el 60% de los estudiantes de entre 14 y 18 años habían consumido tabaco alguna vez en la vida, el 2025 este dato había descendido hasta el 27%. ¡Una reducción del 55%! Pero estos datos no tienen en cuenta el consumo de vapers, snus u otras maneras (o dispositivos) de consumir nicotina, que son las que han cambiado completamente el panorama.
Con los vapers, parece que la atracción está en el aparato. La nicotina ya no debe tener el mal gusto del tabaco, sino que puede tener gusto a mango, sandía o golosina y el olor que deja, a pesar de continuar siendo invasiva, no es tan desagradable. Además, un paquete de tabaco se nota mucho, pero los vapers son más discretos e ¡incluso son más bonitos!
Pero el cambio no se queda solo en este aspecto “tecnológico”, el aparato tiene una implicación directa en la manera de consumir la nicotina.

Del fumador al vapeador
Antes consumir la nicotina con el tabaco implicaba un tiempo, un ritual muy visible: salir, encender un cigarrillo y fumarlo hasta acabarlo. Ahora el consumo a través del vaper se puede hacer fragmentado, de manera constante y de manera mucho más discreta y rápida que un pitillo. No hay que encontrar un momento de pausa, cualquier momento puede ser “un buen momento”.
Así pues, una de las grandes diferencias de los nuevos formatos de consumo de nicotina es que facilitan un consumo mucho más continuo. Un vaper no tiene un inicio y un final tan evidente como los pitillos.
Esto ha cambiado la relación con la nicotina. Ahora, muchas personas hacen pequeñas caladas durante todo el día, sin llegar a tener la percepción de estar “consumiendo”. Es una presencia constante. Por lo tanto, se puede dar la circunstancia que haya personas que vivan con la contradicción de decir que no fuman, pero a la vez se encuentran consumiendo nicotina todos los días y durante muchas horas.
“Es mejor que fumar”
Mucha gente consume vapers con la idea que son menos perjudiciales que el tabaco tradicional. Y es cierto que algunos riesgos pueden ser diferentes o menores en determinados aspectos. Pero que sea “menos perjudicial” no quiere decir que no lo sea.
La nicotina continúa generando dependencia. Y como ya hemos comentado, los formatos actuales de consumo pueden facilitar consumos mucho más frecuentes. Esto es especialmente preocupante entre aquellas personas que quizás nunca habrían empezado a fumar cigarrillos convencionales, pero sí que han empezado a usar vapers.
Los vapers ya están pensados así, precisamente por eso, hacerlos atractivos para aquellas personas que no fuman y por tanto difícilmente verán atractivo el tabaco: gustos dulces, ausencia de humo denso, facilidad y discreción de uso, etc. Es decir, todas estas “ventajas” hacen que la barrera de entrada a la nicotina sea mucho más baja.

La generación que ha cambiado… el formato
Quizás lo más paradójico de todo es que muchas personas jóvenes tienen más conciencia crítica sobre la salud que generaciones anteriores: hacen deporte, cuidan la alimentación, hablan y cuidan de la salud mental y se cuestionan más a la vez de involucrarse en conductas que pueden tener muchos riesgos. Pero al mismo tiempo conviven con una presencia constante de nicotina completamente normalizada, porque el consumo actual ya no tiene el aspecto que tradicionalmente se asociaba al tabaquismo.
Quizás la pregunta ya no es si hay una generación que deja atrás la dependencia de la nicotina sino una generación que simplemente le ha cambiado el formato.