Como seguramente has comprobado en tu propia piel, durante la infancia y la adolescencia se producen muchos cambios. Precisamente por eso es un momento en que se pueden detectar algunas afecciones de salud que, a pesar de que pueden afectar en la población de cualquier edad, suelen presentarse mayoritariamente en edades tempranas. Una de estas puede ser el TDAH.

En algunas situaciones y para mejorar la calidad de vida de las personas con cualquier afección de salud, se pueden prescribir diferentes tratamientos: psicológicos, psicopedagógicos, farmacológicos, de fisioterapia o de terapia ocupacional… Estos tratamientos pueden ser complementarios y simultáneos.

Como también es posible que estés comprobando, la adolescencia se caracteriza para ser una etapa de la vida donde se producen otros cambios, aquellos que tienen más a ver con el paso hacia la edad adulta. Cambios físicos y psicológicos, más o menos evidentes, pero también cambios sociales o incluso culturales. Por ejemplo, las primeras quedadas sin supervisión adulta, las fiestas y, a veces, el hecho de probar o consumir sustancias como la nicotina o el alcohol.

Y ante esto, nos pueden surgir dudas de que pasa con la interacción entre algunos fármacos y el alcohol.

EL TDAH

En este artículo, y por cómo ya debes de saber por el título que tiene, nos centramos en un diagnóstico en concreto: el trastorno por déficit de atención con hiperactividad, conocido por las siglas TDAH. El TDAH se considera un trastorno del neurodesarrollo. ¿Y qué quiere decir esto, para quien no conozca ya el TDAH? Pues un trastorno es un estado de salud que se considera diferente a la norma (si entendemos norma como lo qué le pasa a la mayoría de las personas) pero que no tiene por qué ser una enfermedad. Y, neurodesarrollo hace referencia a cómo funciona el sistema nervioso, en el supuesto de que nos ocupa, específicamente el cerebro.

A menudo las personas con esta condición reciben este diagnóstico durante la infancia y la adolescencia y, a veces, el personal médico recomienda el tratamiento farmacológico, como complemento de la psicoterapia (es decir, tratamiento con una o un terapeuta). Esto se hace, como sabéis algunos y algunas, para aliviar alguna sintomatología (un conjunto de fenómenos que las personas perciben).

SISTEMA NERVIOSO Y TDAH

El sistema nervioso es el encargado de controlar todas las actividades del cuerpo. Básicamente, y de manera resumida, lo que hace es recoger información y responder. Está formado por diferentes órganos, y estos órganos, a la vez, están formados por las neuronas, que son las células del sistema nervioso.

Las neuronas entonces son las encargadas de transmitir la información por todo el sistema nervioso. ¿Y como lo hacen? Para comunicarse entre ellas se envían unas moléculas conocidas como neurotransmisores. Para poder explicarlo de manera más o menos fácil, usaremos dos neuronas como ejemplo: les diremos neurona A y neurona B.

La neurona A envía los neurotransmisores necesarios a la neurona B para poder transmitir el mensaje. La neurona B recoge estos neurotransmisores y activa una respuesta hacia la siguiente neurona (imagínate la neurona C). Una vez esto ha sucedido la mayoría de los neurotransmisores que estaban a la neurona B, vuelven hacia la neurona A y se preparan por si tienen que volver a salir.

En algunos casos, podría pasar que la neurona emisora (neurona A) no envía suficientes neurotransmisores a la neurona receptora (neurona B). En otros casos, puede ser que los receptores de la neurona receptora (neurona B) no estén bastante activos y no recojan los neurotransmisores. O también podría ser que la parte de los neurotransmisores que reabsorbe la neurona emisora (neurona A), sea muy rápida y en mucha cantidad y, por lo tanto, no se realice una buena conexión con la neurona receptora (neurona B). Este tipo de “situaciones” son las que se dan en el caso del TDAH.

Como las neuronas no se tocan entre ellas, necesitan hacer estos intercambios de neurotransmisores para mandar las señales por el sistema nervioso

MEDICAMENTOS POR EL TDAH

Una vez sabemos qué pasa con la comunicación del sistema nervioso podemos entender algo mejor cómo funciona la medicación en estos casos. Lo que buscan los fármacos es la mejora de la comunicación entre las neuronas. Mediante varios mecanismos: ayudando a enviar más neurotransmisores entre la neurona emisora y la neurona receptora, facilitando que la neurona receptora se quede con más neurotransmisores de los que ha enviado la neurona emisora, o bien retardando la absorción de la recaudación de la neurona emisora de los neurotransmisores que ha enviado, donante más tiempo a la neurona receptora para recibirlos.

Así, algunos efectos que tienen sobre el sistema nervioso se traducen al aumentar el estado de alerta, la atención o los niveles de actividad motriz y cognitiva.

MEDICAMENTOS Y ALCOHOL

Podríamos acabar rápidamente diciendo que, en general, mezclar los medicamentos para el TDAH y alcohol está desaconsejado. Pero en ElPep nos gusta explicar el porqué de las cosas, así que manos a la obra, vamos a hacerlo en detalle. Para concretar, principalmente, se recetan tres medicamentos diferentes: metilfenidato, atomoxetina y lisdexanfetamina, pero por no alargarnos en exceso, agruparemos algunos riesgos que tienen en común. Si lo quieres consultar individualmente, puedes mirarlo en los siguientes enlaces: alcohol y metilfenidato, alcohol y atomoxetina y alcohol y lisdexanfetamina.

El primero de los riesgos es que estos fármacos y el alcohol provocan efectos contrarios sobre el sistema nervioso. Es decir, puede ser que se noten menos los efectos del alcohol y, por lo tanto, que se acabe consumiendo más cantidad. Esto puede favorecer tener una intoxicación por alcohol.

Por otro lado, más allá de esto, si se está tomando alguno de estos medicamentos y se bebe alcohol también pueden aparecer o potenciarse estados de ansiedad o nerviosismo extremo, causando confusión o, incluso, convulsiones.

También hay riesgo cardiovascular, es decir, del corazón o de los vasos sanguíneos. La mezcla de alcohol (que provoca fluctuaciones en la presión arterial) con estos fármacos se puede traducir en palpitaciones, alteraciones del ritmo cardíaco -incluso arritmias- y aumento de la presión arterial.

Como que tanto el alcohol como los fármacos se metabolizan en el hígado, si se combinan se corre el riesgo de toxicidad hepática, que puede suponer diferentes problemas de salud, algunos de ellos graves.

Finalmente, pero no menos importante, se pueden contrarrestar los efectos de mejora de la sintomatología que causa la medicación, como la dificultad para mantener la concentración y, por lo tanto, que empeore tanto el estado emocional como la función cognitiva y la toma de decisiones de la persona y que, en consecuencia, se puedan dar comportamientos impulsivos o peligrosos.

Medicamentos para el TDAH

Medicamentos prescritos habitualmente para el TDAH en el estado español

EN CONCLUSIÓN

Por el consumo de sustancias conocerse a un mismo o una misma es una parte fundamental. Como ya sabes, si tomas alguna de la medicación indicada para el TDAH, tener presentes los riesgos que existen si se consume alcohol es básico.

Cómo decíamos, nuestra recomendación siempre será evitar el consumo de alcohol. Si decides probarlo, pero tienes dudas, siempre puedes consultarlo con el personal médico que te acompaña en este proceso. Te recomendarán lo mismo, pero tendrían que poderte indicar como minimizar los riesgos en tu caso específico. No siempre es una conversación fácil, pero te animamos que seas lo máximo transparente posible con el personal médico y, si no estás cómodo o cómoda, pidas un cambio en tu centro de asistencia o a otros servicios.

Por otro lado, consumir cualquier sustancia no tendría que ser una necesidad para pasarlo bien, y todo y la normalización de la cual disfruta el alcohol, siempre puede estar bien reflexionar sobre el consumo que vemos a nuestro entorno y en si nos estamos perdiendo realmente algo o no. No consumir alcohol puede ser un signo de identidad y personalidad interesante, también saliendo de fiesta.