No hace tantos años que los vapers aparecieron en el mercado de los productos de nicotina. En un primer momento, fue una moda muy llamativa y era habitual ver tiendas y productos por doquier. Eran unos aparatos algo grandes que, mayoritariamente, se llenaban con líquidos comprados de forma independiente y con los que se hacían grandes nubes de humo de olores e incluso colores.
Esta moda, como todas, fue pasajera, pero los vapers no han desaparecido de nuestro entorno, sino que han ido cambiando para seguir siendo atractivos, especialmente para la gente joven. Los aparatos de hoy en día son más pequeños, discretos (caben en una mano, se pueden coger cerrando el puño y el humo que emiten es más regulable) y, según su publicidad, “cómodos” y “elegantes” (¿qué querrá decir esto?).
¿Qué más ha cambiado últimamente con los vapers?
¿Cómo nos venden los vapers?
Como ya debéis saber, todos los productos que se relacionan con el tabaco, tienen regulada la publicidad que se puede hacer; en este caso, esto afecta a los dispositivos de vapeo y a los envases de líquidos para estos y a los cigarrillos electrónicos, lo que se conoce como dispositivos susceptibles de liberar nicotina.
Sin embargo, algunos de estos dispositivos están en una zona gris respecto a algunas condiciones en que sí se pueden publicitar, así que hay algunas estrategias clásicas que todavía se emplean; como son promociones en espacios de ocio o entretenimiento (conciertos, espacios de encuentro, ferias, etc.) frecuentados en gran parte de gente joven, estrategias que tienen que ver con los olores en las tiendas, etc.
Pero donde los fabricantes aprovechan masivamente los vacíos legales para promocionarse, especialmente con productos que pueden no contener nicotina, está en las plataformas o entornos digitales. Y también difundiendo mensajes específicos que acabamos reproduciendo boca-oreja.
¡Vayamos por partes!

El humo digital: Influencers que promocionan el vapear
Desde posts en redes sociales, como vídeos en plataformas de streaming o directos en cualquiera de estos espacios, la presencia del llamado “humo digital” (consumo de vapers y visualización del humo) no es una casualidad ni se hace de forma inocente o casual. En muchos casos se realiza con la intención de promocionar su consumo. Y parece que lo están consiguiendo.
No se trata sólo de campañas donde los o las influencers que participan realizan promociones claras de los productos, y se puede deducir de forma más o menos clara que se trata de un anuncio (se regala el producto, se destacan sólo las “ventajas”, se piden posts mostrando cómo se usa, etc.). Los vapers aparecen en otros tipos de publicaciones donde se realizan consumos de forma más “natural”, como casual, de forma integrada en el resto del contenido; distintas fuentes indican que hasta 9 de cada 10 influenciadores cobran por este tipo de promociones, sin revelar que está financiado y en muchos casos procurando que se note lo menos posible que lo está y que se trata de un anuncio. Detrás de esto no sólo hay prácticas dudosas en relación con las promociones, sino algo común en los entornos digitales en general y es que el contenido que aparece debe ser lo más auténtico posible para llegar al máximo de gente posible e impactar al máximo.
También existen grandes nombres o personalidades de estas plataformas con millones de seguidores y seguidoras (en muchos casos niños, niñas y adolescentes) que han aparecido en sus directos vapeando (y no porque sea un anuncio o esté pagado).
Toda esta presencia de humo digital, asociado a personas que nos parecen interesantes, exitosas, que nos entretienen y a las que asociamos emociones positivas, afecta a la visión que tenemos de los vapers y del hecho de vapear.

¿Ventajas?
Pero no es sólo la imagen de los vapers y del vapear la que ha ido cambiando, los argumentos y mitos que hay en torno a los vapers también se han ido modificando y “mejorando”.
Por un lado, y por suerte, las ideas que se trata de vapor de agua o que es inocuo y no tiene afectaciones a la salud van desapareciendo poco a poco, ya que cada vez más personas saben que se trata de aerosoles y con qué componentes se fabrican los líquidos que se calientan y sus impactos sobre la salud.
Sin embargo, algunas ideas se mantienen. Desde que aparecieron, uno de los argumentos principales que se refuerza especialmente es que los vapers tienen menos afectaciones sobre la salud que el tabaco (hasta donde se conoce actualmente, ya que se sabe poco de los efectos a largo plazo de los vapeadores), y que es cierto en cierta medida (porque se elimina la combustión presente en el tabaco, fuente de gran parte de los impactos). Asimismo, se generan artículos y artículos que argumentan que sirven para dejar de fumar. Esto, que podría ser importante para quien ya fuma, no es demasiado relevante para quien no lo hace, ¿no?
Y, por otra parte, existen nuevas ideas que se refuerzan; se promociona el vaper como un producto más limpio que el tabaco, que huele menos y, por lo tanto, no se impregna igual en la boca y en la piel, pero también en la ropa, en los muebles. No deja marcas amarillas en los dedos.
Se argumenta también que es más cómodo, que se puede consumir más disimuladamente en espacios cerrados, que se puede humedecer y no pasa nada si pierdes o te dejas el mechero. Cuentan que tú puedes controlar mejor qué consumes (con sabores y tipos de líquidos) y cuándo consumes. O hay quien dice que es más fácil de dejar que el tabaco.
Aparte de que muchos de estos argumentos son poco fiables y contrastados y dependen de otras muchas cuestiones, nos sugieren una pregunta importante: si todos los argumentos positivos de un producto son siempre en comparación con otro que es peor, ¿realmente estos argumentos son positivos?
Día a día los productos cambian para que no los dejemos de utilizar, los fabricantes buscan nuevos argumentos y adaptan sus estrategias, se nos crean nuevos atractivos y nuevas necesidades… ¡Así que día a día debemos seguir informándonos y tomando decisiones, cuanto más críticas y conscientes mejor!