Hablar de los comestibles de cannabis es fácil si lo hacemos de forma superficial, pero complicado si queremos hacerlo bien. En resumen, se trata de alimentos impregnados de una forma u otra con extracto de cannabis, generalmente de THC. Este componente es el que se considera la principal sustancia psicoactiva de esta planta.

Pero hay un rango de comestibles muy amplio, que va desde galletas y pasteles (que son algunas de las formas más conocidas) a golosinas, caramelos y gominolas (quizás las más “nuevas” y más dirigidas a la gente más joven). Es sobre estas últimas que queremos hablar de forma detenida, ya que tienen algunas características específicas que pueden hacernos bajar la guardia.

¿Por qué parecen tan populares?

Hay quien dice que han ganado mucha popularidad en los últimos años y hay quien no ha oído hablar de ello. Así que realmente no sabemos si en realidad son populares o ese rumor es, en sí mismo, parte de la estrategia de marketing para vender (¡Mirad qué populares que son! ¡Todo el mundo tiene curiosidad! ¡Hay que probar!).

Es cierto que en los últimos 5-10 años, y sobre todo en relación con la legalización del cannabis en Canadá y algunas partes de Estados Unidos, han aparecido más productos en los mercados legales. Parece que este tipo de comestibles comerciales ha ganado visibilidad.

Entre las “ventajas” que se destacan encontramos que son formas más discretas y “divertidas” de consumir cannabis. Por un lado, es una forma “fácil” y disimulada de tomar THC, sobre todo en lugares públicos; por otro lado, encontramos que fumar no gusta a todo el mundo (a muchas personas les desagrada) y que además huele mucho y es difícil de disimular, así que es una forma alterativa de consumirlo. Además, ¿a quién no le gustan las golosinas?

¿Cómo funcionan?

Cuando tomamos una sustancia comiéndola, esta funciona de una forma específica. Es decir, no tiene mucho que ver fumar cannabis con comerlo. Cuando ingieres un comestible, tu sistema digestivo debe primero descomponerlo, así que los cannabinoides entrarán en el torrente sanguíneo a través del aparato digestivo. La forma en que el cuerpo procesa el THC específicamente es diferente y los efectos pueden potenciarse mucho.

Esto también significa que el tiempo que tarden en aparecer los efectos puede variar mucho según el tipo de comestible y la potencia de la dosis, cómo es tu metabolismo, si tienes algo en el estómago, cómo estás de salud, etc.

Encontrareis una explicación aún más detallada en este artículo.

 

¿Tienen riesgos específicos?

Existen riesgos que comparten con el resto de los comestibles de cannabis (además de los que tienen que ver con el consumo de cannabis en sí mismo), y es que la dosis, la potencia, etc. del cannabis o el THC utilizado es imposible de saber sin utilizar instrumentos especializados. Además, puede cambiar muchísimo entre productos similares o incluso en el mismo producto en diferentes remesas.

Por lo que se refiere a los riesgos específicos de las golosinas, tienen que ver sobre todo con su formato y presentación, que tienen diferentes implicaciones:

  • Nos pueden dar sensación de seguridad. Cuando vienen envasadas de forma profesional e imitando a las grandes marcas comerciales, corremos el riesgo de confiarnos demasiado, ya que asociamos los productos alimentarios con productos regulados, supervisados y seguros. Puede darnos la sensación de que todo estará elaborado de forma controlada, y no tiene por qué ser así.
  • Corremos el riesgo de sobredosificarnos. Los comestibles en sí mismos tienen riesgos de sobredosificación porque tardan mucho en hacer efecto, y las personas tienden a comer más pensando que todavía no les ha subido. Pero las golosinas, dado su sabor y la forma en que se consumen habitualmente, pueden llevar a que tomemos más porque están buenas, porque somos golosos o porque nos despistamos.
  • Parecen inofensivos. Los caramelos, las gominolas… los asociamos a consumos divertidos, recreativos, inofensivos, a cosas aptas para niños… Puede dar la sensación de que es una manera más “ligera”, sencilla o menos comprometida que, por ejemplo, fumarse un porro.
  • Se pueden consumir sin saber qué se está tomando. Es decir, sería posible confundir una bolsa de estas golosinas con unas corrientes, u ofrecer uno de estos productos a alguien sin que se dé cuenta de lo que contiene.

Y además, tienen un marketing específico y una imagen que fomentan todos estos riesgos. Bolsas de colores llamativos, con dibujos infantilizantes, promociones que hablan de lo fácil y delicioso que es, etc.

¡Vayamos con cuidado para que no nos despisten! La mejor recomendación para no tener problemas en relación con estas golosinas siempre será no consumirlas. Pero, sea como sea, ten en cuenta toda esta información para tomar tus decisiones.