Una de las principales cosas que debemos saber sobre los medicamentos es que tienen un impacto sobre nuestro cuerpo y sobre nuestro estado mental y de ánimo y que, especialmente cuando se toman de forma no indicada, pueden generar algunas complicaciones, incluso malestares importantes. Justamente se trata de sustancias que no recomendaríamos tomar de fiesta. Pero quizá hayáis visto u oído que hay alguien que los añade a la fiesta.

No nos referimos a gente que se medica regularmente (o durante un período de tiempo estipulado) para tratar una condición y que, por tanto, no deja de hacerlo porqué se esté realizando otra actividad o incluso tomando alguna otra sustancia. Aquí es importante que cada quién conozca su propia medicación, los efectos que esta tiene y cómo éstos se concretan en uno o una misma.

Tampoco nos referimos a cualquier medicamento. Aunque también es importante tener en cuenta las interacciones de los medicamentos más comunes, como el ibuprofeno, nos referimos a medicación recetada para algunas cuestiones de salud mental, los psicofármacos. Y especialmente a los hipnosedantes (que también se pueden llamar ansiolíticos, sedantes, somníferos o tranquilizantes), como por ejemplo el Lorazepam o el Clonazepam.

El hecho de que sean medicamentos que se vendan únicamente con receta (una prescripción explícita y no transferible, para una persona concreta) y en un establecimiento especializado, debería darnos la pista de que los medicamentos tienen un potencial peligroso. Pero curiosamente, como también los recomienda personal médico y podemos conocer a alguna o algunas personas que los toman, nos dan cierta sensación de seguridad. No debemos confiarnos con este tema.

Hay adolescentes que, de fiesta, por curiosidad y por propuesta de otras, quizás han consumido alguna de estas sustancias mezcladas con alcohol. En algún botellón donde otro lo estaba haciendo, en una fiesta en casa de una colega o quedando con une amigue para tener una experiencia nueva. Las pastillas las han podido conseguir porque alguien que las tiene pautadas se las ha regalado, o porque las ha cogido a alguien de casa, o quizá porque las ha comprado por pocos euros a alguien que las pasaba.

Hay adolescentes que quizás las han tomado y comentan que pueden ayudar a desinhibirse, rebajar tensión, relajarse o tener una sensación de “subidón”. Mezcladas con el alcohol además pueden potenciar sus efectos sedantes (lo que puede ser peligroso), pueden generar desorientación y confusión, disminuir la capacidad de reacción, náuseas y vómitos entre otros. Pueden causar caídas y otros accidentes, especialmente si se conduce.

Y es que de por sí los hipnosedantes pueden producir muchos efectos secundarios: somnolencia, temblores, rigidez muscular, alteraciones del ciclo menstrual, taquicardias, problemas de coordinación, afectaciones en la memoria. Además de generar dependencia y adicción. Así que cuanto menos tengamos que relacionarnos con estos medicamentos, menos riesgos encontraremos.

En resumen, cuanto menos presentes estén en la fiesta, ¡mejor!